El centenario de un maestro
Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de quien para muchos –entre otros quien escribe– fuera el más trascendente contribuyente a la formación del pensamiento de la izquierda uruguaya del siglo XX, lapso que acompañó hasta los 84 años el fin de sus días.
Me refiero al doctor Carlos Quijano, que oportunamente fuera llamado «Maestro de tres generaciones», con toda justicia y acierto. Fue guía e impulsor de un pléyade de escritores y periodistas, en las diferentes publicaciones que dirigió, casi siempre fundadas por él, en una larga lista en la que como es sabido sobresale «Marcha» publicación de 35 años de existencia hasta su clausura por el régimen más retrógrado que se recuerda en el país.
En ese semanario colaboraron, generalmente iniciándose en él, en las primeras épocas, figuras tales como Juan Carlos Onetti, Arturo Ardao, Wellington Andreoletti, Julio Cendán, Juan Carlos Labat, María Blanca Clulow, Alvaro Fernández Suárez, Amalia Polleri, Julio Castro, Julio Suárez, Ramiro Borrás y otros. En tiempos posteriores aparecen Hugo Alfaro, Mario Benedetti, Oscar Bruschera, Eduardo Galeano, Carlos Martínez Moreno, Daniel Waksman, Carlos María Gutiérrez, Héctor Rodríguez, Hebe Castro, Guillermo Chifflet, María Esther Ghilio, Adolfo Aguirre González y muchos, muchísimos más, que mi memoria no puede retener y que tanto lamento por la involuntaria omisión.
Marcha, empero siguió saliendo con el nombre de «Cuadernos de Marcha» fundado e México por el propio, incansable y tozudo Quijano y continuados en Uruguay por sus hijos y siempre con el logo y lema iniciales de «Navigare Neccese Vivere Non Neccese».
Lo dicho hasta aquí, por razones de espacio, se refieren a una sola arista de la personalidad de Quijano; la de periodista, que creo fue la de su más intensa vocación.
No me refiero a él, como economista, ni como profesor, ni ensayista, ni como fundador y presidente de la Asociación de Estudiantes Americanos en Francia, ni como ferviente admirador del General Artigas, otros con mayor versación en esos temas habrán de hacerlo.
En 1939, año casualmente de la aparición de Marcha, con mis fresquitos 17 años, tuve la suerte y honor de conocer a Quijano y el entorno de los compañeros de su entonces grupo político (actividad a la que no le tuvo afecto, en honor a la verdad) y desde entonces fui, con el grupo de compañeros que lo formábamos, fiel seguidor de sus ideales y enseñanzas actitud de vida de la que me siento orgulloso.
Este escrito es en consecuencia, mi modesto homenaje a tan gran ciudadano.
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