La necesaria renovación del Partido Nacional
Del gobierno «jocoso» de don Jorge y su coalición ya se fagocitaron dos años. O sea prácticamente la mitad, pues el quinto es el electoral y como se sabe, entre acuerdos, giras, maniobras, discursos, etc., siempre es un año muerto. O sea, se va agotando el tiempo de soluciones de fondo, que sean esclarecedoras de una situación que a medida que pasa el tiempo empeora a ojos vista.
Asusta la situación del país y del Partido Nacional. El país jugado a Bensión y éste esperanzado en Cavallo. Hay quien dice que la situación argentina se asemeja a la que vive Ecuador que como «salida» depuso hasta su signo monetario, el sucre, por la dolarización gringa. En buen romance la negación misma del ser nacional y de su propia soberanía. Con este panorama, no hay en nuestro gobierno visualización de soluciones revolucionarias o trascendentes. Se sigue administrando la crisis, muy del batllismo, mientras la población agoniza económicamente.
En cuanto al Partido Nacional es alarmante su realidad. Se ha quedado sin discurso. No está ofreciendo a la familia media uruguaya y a su juventud una solución o porvenir viable.
Seguimos repitiendo en grandes líneas generales lo mismo que dice el coloradismo. El presidente del Directorio, el doctor Lacalle, como originalidad, esgrime «nuevas ondas de amor y paz».
Todos nos amamos, todos nos queremos y todos somos amigazos. Macanudo. Como principio está bien. Pelearse es malo. Pero a la gente le importa un rábano si el Cuqui le da la mano a Ramírez. Lo que quieren es que le den soluciones económicas y de trabajo, de manera que no se obligue a los muchachos a tener que irse a enrolar en ejércitos extranjeros. Y esto es real.
La otra tesis es nombrar una comisión con representantes (¿doctores?) de cada sector para hacer una nueva estructura ideológica. Con la única excepción de «Nuestro compromiso con usted» que planteara Wilson con su visión, empuje y atracción carismática, jamás vi que decenas de esos mamotretos propios de gabinetes intelectualoides que se han hecho en el tiempo, tuvieran viabilidad. Los principios y las ideas desde Oribe hasta Herrera nacían por iniciativa del dirigente o caudillo que interpretaba la realidad del pueblo: y lo armaban en las formas algún secretario o algún amanuense de turno. Pero la idea que atraía y entusiasmaba a las masas, surgía del talento e ingenio del dirigente o caudillo. Los blancos casi en los 170 años de existencia tuvieron y de sobra banderas que hicieron la Patria. Que ahora la dirigencia en su mayoría las ha abandonado y ballistizado por prebendas y carguetes, también es cierto. Bastaría (y sería más sencillo) con rebobinar aquellos principios que nos hicieron blancos y que hoy no han perdido actualidad. Por lo pronto, no se soporta más la «dichosa» coalición. Salvo los que tienen carguetes y por ende asegurada la pitanza, no hay dirigente que digiera la sociedad con el batllismo. Nos aseguran que ya está planeado irse pero la única excepción que se sepa, fue Larrañaga que lo plasmó formalmente. El resto, no pasó de la «boquilla». Tienen bulones de acero soldados en las butacas. El tiempo como dije se agota. No hay más plazo. El Partido Nacional está tercero lejos y si no mostramos otras caras, otras conductas, otro patriotismo y soluciones radicales totalmente distintas a los colorados, vamos a perder por más lejos y más fiero. Hoy no entusiasmamos a nadie. El Honorable, lamentablemente, parece una gran mastaba egipcia donde la mayoría de las momias entran y salen los lunes de reunión de sus respectivos sarcófagos políticos, sin darse cuenta ellos mismos de su intrascendencia.
Pocos son los ciudadanos que se enteran y a casi nadie le interesa lo que allí se resuelve. Entre otras razones, porque de antemano se supone lo que van a proponer de «gravitante». Nada. Porque nada es lo que el gobierno colorado viene otorgando al nacionalismo desde el gobierno de Sanguinetti a la fecha. Todo partido político quiere ganar. Pero si nos tocara perder, hagámoslo con dignidad, principios, conductas e ideas propias que ayuden, como tantas veces hicieron los blancos, a salvar la patria de la crisis económica, social y moral por la que atraviesan. ¡No nos sigan dejando sin partido! *
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