Los colorados se suman a la renovación ideológica

Como consecuencia del nuevo régimen electoral incorporado a la Constitución en 1996, el mapa político del país se ha visto alterado de manera notoria. Se ha producido un reagrupamiento de las fuerzas políticas al tiempo que se fue dando de hecho una polarización entre la opción conservadora, encarnada en el Partido Colorado, y la propuesta progresista, representada por el EP. El resultado de la primera vuelta, en octubre de 1999, promovió el primer reagrupamiento alrededor de cada una de las propuestas; cada una de las opciones ejerció su magnetismo atrayendo hacia sí a los sectores del electorado cuyos candidatos habían quedado fuera de carrera. Lo interesante del caso es que a partir de entonces –y a pesar de haber sido derrotado por el coloradismo apoyado por los blancos en el balotaje– la única fuerza política que siguió creciendo y acumulando nuevas adhesiones de dirigentes de los partidos tradicionales es el Encuentro Progresista.

Ante la nueva realidad surgida del resultado electoral de 1999, el Partido Nacional –el gran derrotado– ha venido promoviendo instancias de reflexión y autocrítica que apuntan a revertir el nada honroso tercer lugar en que quedó ubicado. Es así que tanto el senador Larrañaga cuanto el doctor Ramírez han elaborado propuestas de renovación ideológica tratando de establecer la necesaria identidad política y doctrinaria de ese importante e histórico partido.

También el Nuevo Espacio –cuya baja votación significó un toque de atención– transita caminos que lo conduzcan a reconquistar el prestigio que llegó a tener y a incidir de manera eficaz en el quehacer político nacional. Para ello, la última convención aprobó por estrecho margen la propuesta del líder en el sentido de promover alianzas que permitan desarrollar un programa progresista.

El Frente Amplio, por su parte, viene discutiendo las propuestas de sus diversos partidos y grupos hacia la redefinición de principios y la renovación ideológica. El partido de gobierno, que parecía al margen de estas preocupaciones, ha sorprendido a los analistas al sumarse, él también, a una redefinición o actualización ideológica. Probablemente ello se deba a la incomodidad que significa haber asumido –a los ojos de la opinión pública– el definitivo rótulo de partido «de derecha». «Que no se nos estigmatice», claman los dirigentes foristas y quincistas. No obstante, resulta difícil hallar algún síntoma, algún indicio de progresismo dentro del viejo partido fundado por Rivera e «izquierdizado» por don José Batlle y Ordóñez. Ya no cuenta con figuras como Grauert, Flores Mora, Michelini o Vasconcellos que supieron equilibrar la balanza y ofrecer una opción de izquierda a sus electores. Porque al Colorado, le ocurre lo mismo que al Partido Nacional: perdió en forma casi definitiva su ala izquierda y después de la escisión del grupo liderado por Víctor Vaillant, el coloradismo ya no cuenta con «jóvenes turcos». *

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