Reaparecen los mentores del terrorismo de Estado

A raíz de la brutal conflagración bélica que ha alarmado a la mayoría de los pueblos del mundo, han comenzado a surgir –por desgracia también en nuestro país– voces de dirigentes políticos que tratan de llevar las aguas hacia su molino, caracterizando de terrorismo a lo que no lo fue, acusando a legisladores de tener esa mácula en su pasado, lo que –según esas trasnochadas expresiones– los inhabilitaría de hacer política. En el Uruguay hubo una expresión terrorista brutal, de la que la mayoría de los uruguayos fueron inocentes víctimas, que provino de la derecha golpista. Para acallar la protesta contra una política económica antinacional, puso en marcha al peor de los terrorismos, el llamado terrorismo de Estado, que apuntaló a un gobierno de facto, ayudando a encubrir sus aberraciones éticas, sus negociados, su desprecio por las libertades.

Por otro lado, subido en la misma ola del «antiizquierdismo», el matutino El Observador, en toda una página de una pasada edición, realiza una comparación entre Ernesto Guevara y Osama bin Laden, mostrando la misma confusión conceptual, intentando comparar frutillas con naranjas, con el único objetivo político de ensuciar al conglomerado de izquierda que tiene, y bueno es que así sea, a Ernesto Guevara como uno de los paradigmas más notables de sacrificio por una causa, más allá de las discrepancias que se pudieran tener con sus ideas políticas y su estrategia, quizás suicida, destinada a intentar plasmar sus ideales.

Hacer una comparación entre Guevara y Bin Laden, es evidentemente una jugada de mala fe destinada a hacer el juego a lo peor de la derecha nacional que se está expresando hoy a través de algunos dirigentes del Foro Batllista.

Más allá de las diferencias que cualquier persona pueda tener con Ernesto «Che» Guevara, es indudable que el llamado «guerrillero heroico» tiene un significado ético conmovedor, cuyo accionar político estuvo totalmente alejado de la práctica terrorista que hoy le quieren endilgar. Comparar su figura paradigmática –él, que dejó todo para luchar por sus ideales en las condiciones más adversas– con la de Bin Laden, una especie de monstruo medioeval, formado por la CIA, que tiene como práctica habitual la utilización de métodos terroristas, más allá de ser una acción política, es una canallada. ¿Qué tiene que ver la guerrilla de Fidel Castro y Guevara con el terrorismo? Y menos aún: ¿qué tiene que ver con ello la quizás romántica epopeya solitaria de Guevara en Bolivia, combatiendo contra un Ejército organizado en el marco de una inhóspita selva? Y por aquí: ¿Qué tiene que ver la acción de los tupamaros con la práctica del terrorismo de la que son acusados sus dirigentes? ¿Cómo es posible que, a esta altura del desarrollo de la humanidad, se confunda propaganda armada con terrorismo?

Es que algunos intentan llevar agua para su molino político, tratando de polarizar a la población del país, motejando de terroristas a quienes son la oposición del modelo neoliberal que está destruyendo el país y, de paso, castigar al Encuentro Progresista   Frente Amplio que, con un 49 por ciento de la opinión a su favor, es seguro candidato a obtener el triunfo electoral en el año 2004.

¿Qué pretenden? ¿Crear las condiciones para imponer nuevamente el terrorismo de Estado? Si es así, que sepan que no es sólo el 49 por ciento de los uruguayos los que se opondrán a tal afrenta contra la patria, sino que en esta posición coinciden todos los uruguayos bien nacidos. Los que impulsen tal arbitrio del terrorismo de Estado, que es el camino correlativo a sus actuales planteos, quedarán marcados a fuego, rumiando su odio a la gente, al pueblo, en el más olvidado de los rincones. *

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