¡Qué lástima señor ministro!
OSCAR MAÃAN
Atónitos (o no tanto) accedimos a la entrevista concedida por el ministro de Economía señor Bensión a la periodista Sonia Breccia y publicada en Bitácora (26-09-01). Allí el ministro nos deja su visión de la economía para sorpresa de algunos y malestar de tantos.
De plano la periodista de marras apuntó a un tema cantado, hoy rimbombante en la escena de los medios televisivos y radiales, el que está en las sobremesas de las familias y en los temas de los amigos o compañeros de trabajo: el atentado a las torres gemelas, la reacción bélica del gigante imperialista y sus consecuencias.
En particular, quedamos estupefactos ante la respuesta del Sr. ministro a la pregunta que inquiría una opinión sobre la famosa frase del presidente americano Bush: «Los que no están con nosotros están contra nosotros». Primero, en tono sonriente, increpa de alguna manera a la periodista al decir: «Yo me programo para responder de economía y usted me saca de mis carriles». Y, luego confiesa su incomodidad al afirmar que: «Me pone en una senda en la cual no estoy acostumbrado a reaccionar de inmediato: sobre la condición humana, sobre el destino de la humanidad». Por último, y quizás menos importante para nuestro propósito, esboza una elucubración de carácter más filosófico sobre el ser: «El hombre en sociedad es una mezcla de cosas buenas y cosas malas. . . No me quedo ni con un adjetivo ni con otro, el hombre es como es».
Lástima grande que para el número uno de la economía del país el tema de la «condición humana» o «el destino de la humanidad» sean cuestiones a las que no esté acostumbrado a reaccionar de inmediato. Tal vez, lo mismo nos sugeriría el proceso particular de la economía uruguaya y las medidas que sistemáticamente se vienen adoptando, todas ellas en contra de la gente, a favor de los magnates, de los poderosos e indefectiblemente enfrentadas a los más desvalidos. Sin embargo, decirlo y aceptarlo es a la vez un acto de franco reconocimiento, aunque dicho pronto y mal, también es una tremenda estupidez política. Quizás para algunos pasó desapercibido en la maraña de palabras y alentada por el momento de iniciación de la entrevista, de todos modos, nos debería prender los sensores más íntimos de la reflexión sobre la etapa actual de despotismo «disque» ilustrado que la era tecnocrática nos ha querido implantar.
Tal vez el ministro, un economista político, debería tener en cuenta que la disciplina que profesa es una ciencia de lo social que, sin entrar en disquisiciones muy tecnicistas, implica al estudio también del destino de la humanidad. Aquello que está en la tapa del libro (como dice un amigo matemático), lo del ¿qué?, ¿el cómo? y el ¿para quiénes? Reaccionar de inmediato a estos temas se vuelve crucial en la etapa actual, y lamentablemente, de la velocidad de reacción de nuestros políticos depende la vida de demasiada gente.
Posteriormente, y siguiendo el resumen de la entrevista que mencionábamos, se suceden otros temas donde la posición oficial y oficiosa nos tiene ya más acostumbrados. Por supuesto, no faltó la relación de los hechos beligerantes de EUUU con la crisis económica de la misma economía norteamericana, sus implicancias para el mundo, la región y el paisito. Aquí, como siempre, se aprovechan los males ajenos para justificar los errores u opciones políticas de nuestro gobierno, la esencia de la argumentación se pobló de lugares comunes tales como: «la recesión de EEUU tendrá un efecto negativo sobre Uruguay»
Ante la pregunta sobre cuándo la supuesta reactivación traerá beneficios para el hombre común, el ministro responde que no es posible saberlo, los hechos desde el 98 vienen jugando en contra y nos hicieron a todos menos ricos. Al decir que somos menos ricos o más pobres, dice el ministro «hacer una abstracción», por supuesto, creo que debemos entender que no todos los uruguayos tuvimos la misma suerte.
Por último, hagamos un comentario a los «credos casi religiosos» que el ministro apunta y «que forman parte de su bagaje como economista». Dichos credos, tal vez religiosos sin el casi, sostienen «la abstinencia de la política económica en la determinación de sectores más o menos favorecidos».
Esto implica la no intervención del Estado en la vida económica y la pretensión de neutralidad de las opciones políticas. Es decir, que el Estado sólo intervendrá con las medidas mínimas necesarias para garantizar que la mano invisible del mercado opere con su consabido éxito en la construcción de la eficiencia individual de los agentes económicos en la búsqueda de su máximo beneficio. Sin embargo, el tozudo proceso histórico demuestra que la neutralidad de las decisiones de Estado, ya sea por obra u omisión, no es tal. Tanto el hacer como el no hacer, son en la política de Estado condiciones que influyen en la vida económica.
Referenciemos el ejemplo mismo del ministro, su actividad concreta en la vida política lo llevó dice a violar el sistema de ideas que sostenía como economista, así se tomaron medidas en beneficio del agro, otras de la industria y del transporte. La pregunta obligada resulta: ¿el inmovilismo estatal ante los problemas del país no beneficia a nadie? Lo mismo si planteamos las medidas de flexibilizan del trabajo también adoptadas, o el retiro del Estado como garante de la relación patronos-obreros, ¿no beneficia eso al grupo de mayor poder relativo en un momento dado? No menos drástico es lo que pasa con la ausencia del Estado en la producción de los bienes públicos fundamentales, salud, educación, seguridad social, etc. Se desprende de lo afirmado por el ministro que el «interés general» manda en las políticas estatales y no la teoría, sin embargo, las grandes mayorías nacionales o los desempleados parecen no formar parte de dicho calificado interés. ¡Qué lástima Señor ministro que los de abajo, los que sólo poseen su «condición humana», no integren la agenda más inmediata!
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