El campo y la izquierda

GUSTAVO GUARINO

 

En los últimos años la izquierda uruguaya ha cambiado el enfoque y la importancia que requiere el tratamiento del tema agropecuario.

Quienes venimos de la izquierda tradicional conocemos las dificultades que había para introducir cualquier planteo que tuviera que ver con el campo y que escapara del esquema que catalogaba a los productores como latifundistas y que proponía la reforma agraria. Esta realidad trascendía lo estrictamente agropecuario, ya que gran parte del atraso político de la izquierda en el interior del país estaba y sigue estando directamente relacionado con la incomprensión de estos temas.

Hay que tener claro que todo, o casi todo, lo que pasa en la mayoría de las ciudades y centros poblados del interior del país tiene una relación directa con lo agropecuario. Esta relación es básicamente económica, pero también es cultural. Si bien ha disminuido la población estrictamente rural, la gente que migra a las ciudades lleva consigo sus modos de vida, sus costumbres y su forma de razonar y actuar, por ello la influencia de lo rural en los centros urbanos del interior del país es sumamente importante.

Al margen de la observación anterior, es bueno saber que la población que hoy habita la campaña, más la de los centros poblados menores de 5.000 habitantes (pueblos típicamente rurales), más de medio millón de habitantes.

También debemos saber que la pobreza en esa población es importante: más del 47% de la misma presenta al menos una NBI (Necesidad Básica Insatisfecha) y el 23% por lo menos dos.

Con estas consideraciones generales, queremos introducir el tema del productor agropecuario propiamente dicho.

Durante mucho tiempo, en la izquierda, cuando se hablaba de la gente de campo, sobre todo del interior más alejado de Montevideo, o del interior típicamente ganadero, se hablaba de estancieros y peones. El término estanciero, en general, era utilizado en forma despectiva y se lo identificaba –aún hay gente que lo sigue haciendo– con el rico latifundista o explotador de peonadas con sus camionetas cuatro por cuatro. Bueno es saber que ese enfoque no solo no ayudó al conocimiento real de nuestro interior por parte de la izquierda, sino que le dio durante muchos años una gran mano a los partidos tradicionales y sobre todo a los viejos dirigentes ruralistas, a los que nunca les gustó que dentro de la «familia» del campo se diferenciara claramente los distintos niveles de intereses, según las ramas de actividad y las escalas de las empresas.

La inmensa mayoría de los productores agropecuarios del Uruguay son pequeños y medianos (el 74% de las explotaciones –menores de 200 hectáreas– tienen menos del 12% de la tierra), con ingresos que no superan la llamada línea de pobreza.

En la actualidad, y fruto de las políticas económicas desarrolladas por el modelo impulsado en las últimas décadas por los partidos tradicionales, se ha agudizado la crisis de todos los subsectores del agro. Los niveles de transferencia de recursos a los otros sectores de la economía han sido muy elevados; lo que llevó a ahondar la crisis. Esta situación determinó que cada vez más productores fueran severamente afectados en sus ingresos y, por ende, en sus condiciones de vida.

Eso sin duda ha contribuido a que hoy, desde el campo, se tenga una cabeza más abierta para escuchar las propuestas del EP-FA. No es casual que las principales gremiales del campo tengan cada vez más coincidencias con nuestra propuesta, tanto las coyunturales como las que tienen que ver con las soluciones al tema endeudamiento, rentabilidad, etc.

El peso de nuestras propuestas también ha sido complementado con una mayor inserción de nuestra gente y de dirigentes políticos y gremiales en la agropecuaria, en un mecanismo que se retroalimenta: como crecemos, tenemos más gente en el sector; como tenemos más gente en el sector, conocemos mejor los problemas reales del mismo; como conocemos mejor, proponemos mejor, etc.

Creo que esto es lo nuevo en la izquierda; profundizar en este camino es imprescindible para ganar el interior y hoy es el gran desafío para nuestra fuerza política. Pero además creemos en un país productivo de base esencialmente agropecuaria, para lo cual es fundamental tener una sólida inserción en la producción del campo, conocer sus problemas y, sobre todo, porque parte esencial de la reactivación que deberá promover un gobierno progresista pasará por lo agropecuario. *

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