Escuela, niñez y pobreza

JAEL GONZALEZ CANDIA

 

Los niños de las zonas carencias alegan a las escuelas públicas de nuestro país con dietas muy mal balanceadas, sin hábitos higiénicos y con escasos o ningún cuidado médico siempre a cargo del Ministerio de Salud Pública. Cuando esos niños llegan a los hospitales aprenden a postergarse porque se da un número tan reducido de consultas que hay que hacer colas larguísimas a altas horas de la madrugada para poder acceder a un médico y si el niño no es de Montevideo, su madre probablemente tendrá que regresar a su lugar de origen, sin haber realizado la consulta y quizás no posea el dinero para regresar en busca de una nueva oportunidad de asistencia médica. El 74% de los problemas de talla están en las áreas de marginación. Este estado es cosa aleja al niño de la escuela porque no tiene ni la energía ni la vitalidad para enfrentar a un maestro que está intentando enseñar.

Otras característica que presentan estos niños es la falta de estímulo psicológico en las primeras etapas de vida, en el vínculo madre-hijo se da la carencia de cuidados afectivos que pueden terminar en neurosis o psicosis. Existe un rechazo de la madre o su rol de tal. La maternidad llega muchas veces a los 12 o 13 años en forma no deseada, o como una vía para lograr prestigiarse y tener cierto poder e independencia en el entramado familiar. La inseguridad del niño lleva a la desadaptación social.

En cuanto a las viviendas en que habitan, existe hacinamiento, alta actividad sonora e indiscriminación de los roles familiares.

La figura paterna tiene siempre problemas de ocupación (rotación, desocupación, subempleo).

Esto refuerza en los padres el sentimiento de culpa e inferioridad, porque nosotros como sociedad desvalorizamos el trabajo que realiza este hombre. Así planteado se produce una pérdida de autoridad del padre respecto de sus hijos; ante esta pérdida la reacción es el escape: o se va del hogar o entra en el alcoholismo y con esto trata de recuperar su autoridad mediante la violencia…

Estos niños presentan problemas en el manejo de espacios, no manejan su propio cuerpo, en espacios amplios no saben qué hacer.

Otra carencia que presentan es su problemática de lenguaje, que se caracteriza por ser un lenguaje utilitario, contextualizado y con gran importancia de los elementos paraverbales (riqueza gestual).

Se enfrentan al problema de la privatización de signos vocálicos con que designar sentimientos y relaciones que se establecen con el ambiente.

Los maestros generalmente jóvenes, con gran vocación, poca experiencia y bajos sueldos deben afrontar la tarea de mostrarles el mundo en el que viven (organizar paseos, que sabemos muchas veces no son autorizados por los padres) para que se lo represente y lo pueda llegar a simbolizar.

Los saberes previos de ese niño son desconocidos porque cada vez se realizan menos las visitas de hogares por parte de los maestros.

Esas escuelas marginadas, a las que concurren también niños en situación de pobreza extrema son escuelas públicas, segmentadas, homogéneas a nivel social y cultural, porque el que puede acceder a otro tipo de escuela lo hace. *

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