Los alcances de la Inteligencia militar
«El terrorismo internacional no debe constituir de ninguna manera una hipótesis de trabajo de los organismos de Inteligencia militares». (José Manuel Ugarte, experto del gobierno de Fernando de la Rúa, 4 de octubre).
l amparo de la nueva situación internacional creada a partir de los atentados terroristas del 11 de setiembre se ha instalado en buena parte del mundo un debate complejo y trascendente.
Ecos uruguayos de ese debate comentábamos en nuestra nota editorial del día de ayer refiriéndonos a las opiniones formuladas por algunos jerarcas policiales, en condición de retiro, que expresaban su preocupación por la injerencia de los servicios de Inteligencia controlados por los militares en tareas que, con toda razón sostienen, son específicamente policiales.
La naturaleza del terrorismo, el grado de participación de las fuerzas armadas en la lucha contra el mismo es una discusión instalada, para empezar, en los propios Estados Unidos, donde, además, no faltan quienes advierten sobre los riesgos de un crecimiento del control y la vigilancia estatal sobre las personas que configure una amenaza a la vigencia de sus derechos y de sus libertades.
Dejando, por ahora, de lado ese aspecto sustantivo queremos referirnos a la problemática uruguaya y a la luz que sobre esta situación arrojan los debates, como siempre más transparentes y más francos, que se vienen desarrollando en la Argentina.
No se trata de un detalle desdeñable el hecho de que en una democracia, como la argentina, con tantas carencias y dificultades, en medio de una situación social de irritación e inquietud generalizada, los partidos políticos, el Parlamento y la prensa tengan la capacidad para exhibir sus opiniones con bastante franqueza. Una transparencia que suscita envidia desde un atalaya como el nuestro, donde el «cálculo político» tiende a opacar las verdaderas aristas de la realidad.
En aquel país como en este, al amparo de la reacción norteamericana, sectores de la derecha política y de las Fuerzas Armadas han aprovechado para intentar recuperar terreno en materia de control sobre la sociedad, especialmente a partir del desarrollo de las tareas de Inteligencia.
En ese sentido tiene particular interés el debate que se desarrolla en el Senado, a partir de la discusión de una nueva ley que regule el desarrollo de las actividades de Inteligencia y de la participación o no en ellas de las Fuerzas Armadas.
Así, José Manuel Ugarte, dirigente de la Unión Cívica Radical, experto en legislación referida a la defensa nacional, ha realizado en Página/12 una serie de puntualizaciones que resultan de gran interés, más allá de que se pueda o no concordar en un todo con ellas.
Empecemos por las reflexiones de Ugarte acerca de qué tipo de labores de Inteligencia es adecuado asignar a las fuerzas armadas: «la inteligencia que deben hacer los militares es en el nivel conocido como estratégico militar; es fundamentalmente la obtención de información y análisis respecto a las capacidades y vulnerabilidades en materia militar de los países extranjeros de interés para la defensa. Hablamos por supuesto de Fuerzas Armadas extranjeras, o sea, de Estados, (…) los militares deben realizar inteligencia estratégica operacional».
Sobre cómo el asunto es conducido actualmente en los Estados Unidos, señala Ugarte: «La Agencia de Inteligencia para la Defensa realiza inteligencia sobre el terrorismo en países extranjeros… No así dentro del territorio norteamericano». (…) Las Fuerzas Armadas norteamericanas están sujetas a una legislación del siglo XIX «que le veda participar en operaciones de investigación de delitos y arresto de delincuentes.»
Como es sabido, muy distinta es la situación en nuestros países de América Latina, con las tradiciones golpistas y el peso de la Doctrina de la Seguridad Nacional.
Doctrina que, como señala el autor citado, empuja a la militarización total de la sociedad. *
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