¿Podremos aguantar mucho más?

Miércoles 03 de octubre de 2001 | 12:00
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¿Hasta dónde llegará el país, su gente, cayendo en esta vorágine de miseria que se expresa en cifras que asombran por su magnitud?

Algunos datos pueden ser tomados como índices elocuentes de lo que estamos señalando. ANTEL hasta ahora ha guardado un prudente silencio, pero fuentes respetables aseguran que tan sólo en Montevideo, el ente de las comunicaciones está cortando 700 servicios telefónicos por día. Podemos manejar otros datos, como el de la morosidad de los deudores del Banco Hipotecario. Se afirma que tan solo en el complejo Euskal Erria, un 50 por ciento de las familias no pagan las cuotas de sus deudas hipotecarias y, tampoco, obviamente, los gastos comunes. El Municipio capitalino, por su parte, enfrenta atrasos considerables en el pago de la contribución inmobiliaria por parte de un número creciente de propietarios.

El propio ministro de Economía, Alberto Bensión, informó ante la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda del Senado de la República, que está cayendo la recaudación impositiva, aumentando de manera consiguiente el déficit fiscal. Dijo que se vierten a los organismos públicos las partidas suficientes para pagar los sueldos, pero se retacean las vinculadas a gastos e inversiones. La Tesorería no da más.

Por supuesto que todo ese panorama, al que le podríamos sumar la situación del sistema financiero que, pese a que tiene sus arcas llenas de dinero por los depósitos que recibe extra país, ha reducido su nivel de negocios a una cifra que algunos economistas estiman supera el 50 por ciento, contabilizando como standard la situación que se vivía hace tres años, antes del inicio del período recesivo.

Entonces debemos reiterar la misma interrogante: ¿Hasta dónde podrá llegar el país? ¿Podremos los uruguayos seguir viviendo esta crisis inédita? Además, y aun a riesgo de ser reiterativos, queremos alertar sobre la falta de ideas de un equipo económico que, en las buenas y ahora en las malas, ha tomado como paradigna a la Argentina, donde el ministro Cavallo parece haber ingresado en un cono de sombra que lo llevaría a la renuncia.

El país vecino ha repetido este mes otra caída de la recaudación, incrementando el déficit fiscal, y para paliarlo –porque la desmesura anterior era ya intolerable– el ministro afirma que recurrirá en esta ocasión a “otros ahorros” sin tocar los sueldos de los trabajadores públicos y las jubilaciones como ocurrió en períodos anteriores.

Varios economistas habían advertido de gravedad de las ideas de Cavallo, que hace pagar a los trabajadores los errores de la conducción económica de un país que, luego del escándalo que fueron las privatizaciones, paralelas a flagrantes actos de corrupción y continuadas por el despilfarro de los fondos públicos, no tiene más recursos para afrontar el pago de los servicios de la deuda, para lo cual recurrió durante los últimos años al préstamo externo. Han evitado el “default” pero no la creciente miseria.

Pero eso también llegó a su fin, pues Argentina perdió ya el crédito.

Ese es el paradigma al que el ministro Bensión apostó, al igual que algunos otros economistas de la derecha, olvidándose que para manejarse en esa ciencia, que nada tiene de exacta, es necesario además de la sensibilidad social, tener bien puestos los pies en la tierra.

Uruguay, sin ideas desde el gobierno, sin intentar ninguna medida para reactivar el consumo y, con él, posibilitar la reapertura de las fuentes de trabajo, sigue jugándose al milagro de que algo ocurra en el mundo para que la situación cambie. No entienden que pasó la época de los cuentos de hadas y que, si no se toman medidas inmediatas, no solo seguirá marginándose a mayores núcleos de población, sino que ello ocurrirá con el país en su conjunto. *

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