La benemérita CNT

CARLOS BOUZAS

 

Hoy está cumpliendo treinta y cinco años la central sindical de los trabajadores uruguayos. La partida de nacimiento es del primero de octubre de 1966 y el acontecimiento se produjo entre el Platense y el Sudamérica.

Fue la síntesis de un larguísimo proceso de unidad de los trabajadores organizados sindicalmente, que hubo de vencer los reparos de las fronteras ideológicas y habilitar los mecanismos para que la acción en común en un mismo sindicato, no tuviera como premisa la abolición de las ideologías, sino, por el contrario, permitiera la coexistencia de ellas en una sola herramienta. Y fue tan útil su ejemplo, que, a poco andar, la izquierda política recogió el guante.

Las necesidades fueron prioritarias. Era necesario impedir que se aislaran los conflictos sindicales; defender la autonomía de los sindicatos respecto de los partidos; unificar las plataformas reivindicativas; elaborar propuestas de los trabajadores para que el país progresara para su gente; defender y profundizar la democracia.

A todas esas demandas le fue dando respuesta la Central Sindical. Fue ganándose el respeto de todos. Yo creo que el calificativo de benemérita que le diera don Luis Pedro Bonavita y que recojo en el título, es demostrativo de ello.

Pero, en realidad, sacó su pasaporte de referente obligatorio en la vida del país ante todo el pueblo y más allá de fronteras, por la acción firme, decidida y permanente en defensa de las instituciones democráticas, que mantuvo durante la dictadura (1973-1985), de la que emergió como PIT-CNT.

El camino –que visto en perspectiva y desde la altura aparece lineal y sin fisuras– fue, sin embargo, accidentado. Porque, claro, no es fácil mantener permanentemente el equilibrio. Por eso es que los ricos treinta y cinco años que hoy cumple conocieron nubarrones en el horizonte y hasta algunas tormentas.

Una de ellas se desató en la culminación del séptimo congreso, el día 29 de julio último.

La plataforma y plan de acción que aprobó el congreso fueron saludados con entusiasmo por el conjunto de sindicatos y militantes. Este simple paso –visto con ojos de siglo XXI– era un problema muy arduo a mitad del siglo anterior. Debemos atribuirle el enorme valor que tiene y anotarlo como un tanto a favor del largo camino unitario recorrido.

Sin embargo, no hubo un resultado similar a la hora de elegir la Dirección que encauce la plataforma y el plan de acción. Como consecuencia, nueve sindicatos optaron por declinar su integración en la Mesa Representativa, que es el máximo organismo de dirección entre congreso y congreso.

Lo positivo en esta pulseada es que nadie opina que esté en juego la unidad sindical. Sin embargo, creo yo, la unidad es dinámica y producto de la acción de las personas. Por lo tanto, ella es susceptible de fortalecerse o debilitarse según sea el accionar de esas mismas personas.

El congreso aprobó la formación de una comisión de restructura que proponga soluciones para salir de la tormenta. Sin embargo, creo también, la sola existencia de la comisión no garantiza que se acuerden soluciones consensuadas. Por eso, opino que es conveniente que el trabajo de la citada comisión, de la que tanto se espera, debe estar acompañado por una discusión, en plan de reflexión, que lleven a cabo los dirigentes representativos de los sindicatos y las corrientes sindicales que en ellos se expresan, para suministrar la hoja de ruta por la que deberá navegar la comisión de restructura. Se me ocurre que es un camino firme y seguro, de manera que, cuando algún acontecimiento externo exija tomar resoluciones trascendentes, el PIT-CNT esté bien pertrechado.

Esta misma noche, frente a la sede, en 18 y Paullier, la Mesa Representativa nos ha convocado, para, en ocasión del aniversario treinta y cinco, manifestarnos el compromiso asumido para superar el escollo.

Es conveniente concurrir.

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