El IV Congreso del Frente Amplio y sus detractores

Si algo faltaba para confirmar que el reciente congreso de actualización ideológica y programática del Frente Amplio ha sido una experiencia políticamente valiosa, lo vienen confirmando en estos días distintos comentarios que desde la prensa de la derecha se realizan a propósito del evento.

Para algunos, el Frente Amplio no ha hecho más que «maquillarse de moderación centrista» para ocultar sus satánicos propósitos colectivistas y totalitarios.

En el polo opuesto, no faltan quienes desde la mismas tribunas, le reprochen su inconsecuencia, su dejación de principios en aras de incontenibles apetitos electoralistas.

Palos porque bogas, y si no bogas palos, podría sintetizar la forma que asumió la reacción de irritación y desconcierto de las derechas ante el Congreso frenteamplista.

Aunque más revestido de indescifrables expresiones técnicas y pedantes, algo parecido ocurrió con ciertos análisis «objetivos» de algunos politólogos «profesionales» cuyo único interés declarado es el avance del «conocimiento científico».

Lo que ni unos ni otros explican es por que les resultan tan «natural», tan obvio que la izquierda realice un proceso de actualización ideológica y no ocurra nada ni remotamente parecido con los partidos que actualmente están, y que han estado en los últimos decenios, en el poder.

¿O es que la opinión pública uruguaya debe dar por sentado, como verdad eterna e inamovible, que los partidos tradicionales carecen de ideología o que ésta, una vez definida, permanecerá inmutable, de la a «A la Z»?

Todos sabemos que no es así. Que existe sensibilidad, que muchos militantes y dirigentes comprueban el agotamiento de las fórmulas de gobierno y las formulaciones ideológicas con que se intenta fundamentarlos.

No hace mucho comentábamos el rico material y los aportes que incluía un trabajo justamente apuntado a una actualización ideológica en el Partido Nacional presentado por el ex ministro del Interior del gobierno nacionalista, Dr. Juan Andrés Ramírez.

A la vez, cualquier ciudadano que examine con un mínimo de detenimiento el acontecer político dentro del Partido Colorado podrá constatar la distancia creciente entre los planteos del Presidente de la República y su sector político y los del Foro Batllista liderado por el Dr. Julio M. Sanguinetti.

Diferencias sobre cuestiones esenciales referidas a aspectos institucionales, sobre apreciaciones de hechos internacionales, sobre la vigencia de determinadas pautas de relación con los sectores progresistas, sobre las relaciones entre la regulación estatal y el libre juego de mercado, entre tantas otras cuestiones.

De las tres grandes colectividades políticas que existen en el país, sólo una es capaz de convocar a una reunión de carácter público, abierta a la prensa, a la asisten, discuten franca y serenamente, y votan, casi dos mil delegados de todo el país.

Una asamblea pluralista, democrática y fermental que exhibe ante el país sus logros y sus rengueras, sus acuerdos entusiastas y sus pocas y sobrellevables diferencias.

Todo el mundo tiene derecho a criticar las resoluciones de un congreso, eso es absolutamente lógico y hasta deseable.

Lo que sí no debiera pasar desapercibido es que a la fuerza a la que se hacen esos reproches, a menudo triviales y a veces contradictorios, ha tenido el coraje y la vitalidad que todos los partidos políticos del Uruguay deberían asumir, la capacidad para abrir su cabeza, constatar las nuevas realidades de la sociedad uruguaya y del mundo y –reivindicando lo que se entiende legítimo y vigente de su legado histórico– aceptar el desafío de nuevos enfoques y nuevas realidades.

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