Hacia el fin de la ilusión

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Ya se sabe. Un gobierno recién electo goza de un halo de benignidad otorgada, de credibilidad no desgastada, de crédito favorable para sus actos supuestamente innovadores. El del doctor Jorge Batlle sin duda que lo está usufructuando.

Es más, debe reconocerse que el estilo de relacionamiento con la oposición y con los demás sectores que ha asumido el nuevo Presidente es ostensiblemente diferente al de su predecesor. Más abierto, sincero, dialoguista y amable; menos soberbio y antipático que el del doctor Sanguinetti.

Y este se ha despedido de su función con algunos exabruptos que ponen de manifiesto sus peores facetas: desde su rabiosa respuesta al poeta Gelman ante la avalancha de prestigiosas demandas universales por la investigación del destino de su nieto o nieta, hasta la distribución arbitraria a allegados de ondas de radioemisión y la monopolización decretada de la comercialización de la televisión satelital en beneficio de los mismos grupos oligopólicos que poseen los canales abiertos y las empresas de televisión por cable, pasando por la centralización militarizada de los aparatos de Inteligencia y la cerrada negativa a cualquier consideración del problema de los ‘desaparecidos’. Batlle, en cambio, con gestos que parecen evidenciar un más coherente liberalismo político de hecho, ha insinuado una posible revisión de estas decisiones o algunas de ellas; no sin el enojo y directa oposición de su autor, que ya no ejerce la primera magistratura. (Por cierto, queda por verse hasta qué punto Batlle arremete con ese propósito; para el cual no le deben de faltar ganas por el recuerdo de aquel «brazo arrancado», pero contra el chantaje –difícilmente practicable– del retaceo del apoyo a la gestión presidencial. Sin duda, detrás de este encontronazo, se esconde la disputa por el liderazgo del aglomerado conservador que gobierna al país).

Este crédito otorgado al nuevo Presidente lo ha suscrito prácticamente todo el arco opositor. Hasta ha habido la especulación, por parte del líder del Nuevo Espacio, de la eventual posibilidad del recambio del apoyo parlamentario que gobierna al país).

A esta altura, creo que tocamos el desvarío. Aun sin llegar a él (sin contabilizar las declaraciones de Michelini), parece demasiado ingenuo pensar que este «romance» con el Presidente Batlle pueda ir más allá de unos pocos meses. Porque también esta es una regla universal en la vida política.

Pero específicamente porque el escenario previsible de este primer año de gobierno y de la conducta de sus actores, no puede conducir a otra conclusión. Porque se avecinan los debates sobre la Ley de urgencia blanquicolorada primero y la de Presupuesto después. Quizás ese período ni siquiera pueda contabilizarse en términos de algunos meses.

Ese mejor talante de Jorge Batlle para el desempeño de la Presidencia no puede disimular el hecho de que su neoliberalismo es aún más ortodoxo que el de Sanguinetti. Alberto Bensión, su ministro de Economía, ¿en qué puede diferenciarse, en este sentido, del desempeño de Mosca? Su equipo de gobierno no sólo es similar al de Sanguinetti, sino que tiene varios miembros en común.

Y aquí se van a poner en juego las diferencias que polarizaron las recientes elecciones; aunque ellas no se aparecieran como demasiado radicales. Es más: el tiempo electoral no ha concluido; restan las elecciones municipales. De las cuales pueden llegar a resultar algún o algunos departamentos más, además de Montevideo, bajo intendencias del Encuentro Progresista; con la consiguiente problemática de gobiernos municipales enfrentados, o por lo menos, distintos al gobierno nacional. En los entes autónomos, no habrá participación alguna de la bancada más numerosa del Parlamento; hecho completamente inédito en el país, que rechina con la tradición nacional de pactos, componendas y repartos entre los grandes lemas.

Salvo que el frenteamplismo desdibuje a un grado impensable la orientación que lo inspira, no es posible prever otra cosa que la confrontación en las relaciones entre Gobierno y Oposición. Por «civilizada» que ella pueda llegar a ser.

En un panorama en el cual la única incógnita real radica en hasta qué punto todo el Partido Nacional monolíticamente respaldará la acción de gobierno durante todo el período. Tanto a éste como al Partido Colorado, en conjunto y por separado, les va la vida en que este ensayo de ‘maridaje obligado’ les resulte exitoso y llegue a ser percibido como tal. Y la experiencia existente en el país de más de tres décadas en la orientación general de la misma política económica, que van a continuarse, sugiere que –en el mejor de los casos– el éxito en ella sólo se traduce en algunos indicadores macroeconómicos, que no son capaces de convencer a la gente de que «están mejor».

La suerte electoral corrida por los blancos en los recientes comicios, especialmente la de Volonté, constituye un indicio de lo «caro» que puede llegar a ser el precio de su participación en la coalición gubernamental.

Entonces, sin desconocer las diferencias de estilo que favorecen a Batlle en la comparación con el gobierno de Sanguinetti, no puede dudarse de que el período que se inicia será escenario de la continuidad de una dura política regresiva. Que se reiniciará, como ya es costumbre para cada período gubernativo, con un nuevo ajuste. Cualquier imaginación en sentido diferente, es mera ilusión, que los hechos harán trizas rápidamente.

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