De los ajustes semestrales a los anuales
Escribe Marcelo Jorge Filomeno
Es lícito pensar que, una vez aprobada la reforma constitucional, con el balotaje que sellaba la suerte electoral del EP-FA, los grandes estrategas colorados y blancos comenzaron a diseñar el mejor escenario para la ascensión del socio a ser favorecido por el voto popular para acceder a la Presidencia de la República.
La estrategia continuista, ideada el último domingo de noviembre de 1994, implicaba también la instrumentación de las acciones tendientes a hacer más digerible –sobre todo en el plano de la política económica –todo el proceso, tentando asimismo prolongar lo más posible el «estado de gracia» que normalmente se otorga a los nuevos gobernantes, evitando decisiones irritantes, preludio de acciones concretas en detrimento de las expectactivas de las mayorías nacionales.
Piedra angular de esa estrategia ha sido –pensamos– la aprobación en su momento, exactamente un año después de la reforma constitucional, de la Ley 16.903, nominada como de «Salarios públicos y cuotas del BHU» y conocida como «Ley de Ajustes Semestrales», en virtud de la cual el Poder Ejecutivo quedó facultado para ajustar los salarios públicos, jubilaciones y pensiones por períodos mayores a cuatro meses, modificando el sistema existente desde 1985, con entrada en vigencia a partir del año 1998.
Lo de «ajustes semestrales» era porque en el sistema de franjas creado, para una inflación de entre el 10% y el 23% anual la periodicidad del ajuste sería cada seis meses, manteniendo el cuatrimestre sólo para una inflación mayor al 23% anual. Pero lo que interesa señalar es que la tercera franja de ajuste estableció, para una inflación menor al 10%, la periodicidad anual.
Ergo, el flamente gobierno, con una inflación del 4% o 5% anual, cumpliendo escrupulosamente la ley, deja sin aumento durante todo su primer año a los funcionarios públicos, jubilados y pensionistas, un millón de personas según cifras conocidas. Solamente militares y policías tendrán un aumento todavía no cuantificado. Todos los demás afectados deberán esperar al próximo Presupuesto Nacional, con una inflación del primer mundo para ingresos del tercer o cuarto mundo. El ajuste estatal, para reducir el déficit fiscal, preconizado en la campaña electoral, se basa pues en la rebaja del salario real. Los estrategas neoliberales continuistas hicieron todo lo posible para dotar al próximo gobierno el actual– del instrumento legal, obligando y permitiendo a los legisladores votar con las manos, pero también con los pies. Dentro de la rutina de la institucionalidad democrática merece destacarse el esfuerzo empeñado por quienes se opusieron a aquella ley.
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