Ideologías y principios

LEOPOLDO AMONDARAIN

 

Se ha dado en afirmar por connotados dirigentes de la coalición que las ideologías y principios están perimidos y hoy en día los partidos políticos imbuidos de la globalización se manejan con el pragmatismo del momento. Es obvio que quien así opina, no sólo carece de principios ideológicos, sino, lo que es más grave, está justificando la identidad argumental y filosófica en que están cayendo las grandes colectividades coalicionadas. Hemos dicho muchas veces que no hay diferencias sustanciales en lo que Julio María, don Pablo Millor u Opertti defienden, con los que nuestros capitostes blancos terminan diciendo. Y es cierto. Un partido político sin ideología no es partido político.

Puede ser una horda cívica o lo que es peor una cooperativa de «doctores» avivados que tratan de no perder sus pitanzas, léase carguetes, ministerios, embajadas y afines, rompiendo con el gobierno de turno.

No es lo mismo, por más globalización importada que quieran, un nacionalismo venezolano de Chávez que un «divertido» neoliberalismo batllista de turno que soportamos. No es igual, la lucha ideológica y práctica de un Arafat y su heroico pueblo palestino por su tierra y libertad que la política exterior y económica de un De la Rúa, Cavallo, o el mismo Opertti, desesperados por que la USA les pueda tirar soluciones económicas que no dejan de ser restos de carroña que le sobran al imperio.

No es lo mismo defender las industrias, empresas, comercios y riquezas nacionales propias de ideologías nacionalistas, que vender hasta las «joyas de la abuela» como quieren hacer en el Uruguay imitando a la Argentina. Que lo único que les queda por vender es el alma, si la tienen.

Así les va. que don Julio María o don Jorge, viejos colorados y batllistas estén afiliados a teorías neoliberales y globalizantes no causa asombro ni estupor.

Por siempre la colectividad de sus mayores, en aras del poder, se asoció a los imperios y al peor capitalismo internacional.

Pero sí fastidia y hasta alarma, la postura de mucha dirigencia blanca, que tiene la obligación histórica y práctica de ser nacionalista y en cambio imarcha del brazo de estos personajes y de su ideario de gobierno. En lo interno por ejemplo vemos, con estupor y asombro, que desde nuestras tiendas no se levante una voz contra la privatización del seguro de accidentes de trabajo, tratando de matar al Banco de Seguros que tanto ha hecho y puede seguir haciendo con su sanatorio ejemplar por los trabajadores del país.

En países del área como Argentina y Colombia, esto es real, sólo el 33% de los trabajadores está cubierto por este beneficio. El resto, por morosidad de los patrones, entre otras razones, queda inerme, sin cobertura. No es de buen nacionalista desproteger a los más desvalidos. Nada menos que en la salud y seguridad de los obreros o trabajadores rurales, donde se agrava la situación a niveles dramáticos hasta por omisión de inscripción por parte de los terratenientes. ¿Las empresas multinacionales los cubrirán? Difícil pa’ Sagitario como reza el refrán.

En tema internacional lo mismo. Leíamos la indignada arenga del ministro Mercader (para colmo, de nuestro mismo pelo). En nombre del gobierno de coalición contra los vascos por la manifestación del viernes 24 del corriente en conmemoración de los luctuosos hechos del Hospital Filtro. No me llama la atención que Mercader, individualmente tomado, se manifieste en contra de los vascos. Este ministro de Cultura oriental es francés de origen. Mal galo sería si estuviera a favor de la independencia vasca contra los intereses de su patria natural que es la Francia «eterna», como les gusta a sus connacionales franceses denominar al viejo y cruel imperio europeo, aunque conjuntamente con España someten a la milenaria raza y nación Eskalduna. Lo que sí me saca de quicio es el silencio de mi partido, defensor desde Oribe (que por añadidura era hijo de vascos) en la defensa de las soberanías de las patrias chicas.

¿Dónde quedaron los principios de don Manuel, de Leandro Gómez, de Aparicio y por supuesto de Herrera, en la defensa y en los derechos de los débiles?
¿El Honorable Directorio está de acuerdo con los imperios español y francés, sin perjuicio de todos los otros, caso de los yanquis en América, que no se levanta contra el sentir del gobierno en defensa de estos sagrados principios partidarios? ¡Ah! Me olvidaba que ahora, para muchos, las ideologías y sus principios están perimidos. Hay que acomodar el cuerpo para seguir con los ministerios y carguetes. Es obvio que tengo un drama existencial. Estoy «chapado» a la antigua. Como vasco terco me gusta ser nacionalista y blanco de los de Aparicio.

No seré jamás un blanquicolorado batllistizado neoliberal globalizado moderno. Que me disculpe el ministro Mercader, el gobierno y los que así opinen. Pero fui a la marcha como nacionalista y blanco a desfilar entre la bandera oriental de un lado y una ikurriña del otro. Y si a alguien no le gustó me importa un «bledo». *

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