Una visión "conspirativa"
Al comparar la desproporcionada reacción juvenil ocurrida en el Liceo 12, luego de la intransigente actitud de la dirección, con lo que ocurrió en Génova o en las rutas, afectadas por productores ante la epidemia de aftosa, las autoridades se equivocan.
Tampoco analizan las rispideces que ocurren con algunas direcciones de liceos, cuyos titulares ni siquiera aceptan dialogar con los muchachos. ¿Cómo Carbonell, director de un organismo de enseñanza, puede admitirlo? Recordamos a algunos directores, como el profesor Schettini, que por años estuvo al frente del Liceo Bauzá, que jamás dejó de atender a un alumno o a un grupo de ellos. No lo hacía sólo para escucharlos. Desde su autoridad, aconsejaba, buscaba acuerdos, reclamaba soluciones para la problemática del liceo y en cada palabra trasmitía elementos éticos, formadores. Ese liceo también vivió etapas difíciles, pero allí la labor pedagógica, entendida por Schettini, incluía un compromiso personal.
Algunos directores o subdirectores hoy –como en los casos de los liceos 12 y del Cerro– cuando se les plantea algún problema anuncian suspensiones y pérdidas de año. En el liceo del Parque Batlle se llegó a la enormidad de impedir la salida de los alumnos y no se les autorizó a que hablaran por teléfono con sus padres.
Por supuesto que ni el profesor Carbonell ni el periodista Daniel Gianelli, que editorializa en Búsqueda sobre el tema, tuvieron en cuenta estos asuntos, sumándose a una campaña que ha tenido como cartón ligador al senador Rodolfo Nin Novoa que realizó el análisis de una situación que no tiene un solo responsable.
Que un liceo no tenga servicio de limpieza y que los alumnos deban hacer esa tarea, que no se cubran horas docentes y que los estudiantes deban alargar sus períodos de exámenes más allá de los plazos adecuados, perdiendo el tiempo de manera inaudita, tampoco es tenido en cuenta.
También es grave que el Consejo de Secundaria entienda que el mecanismo de relación es la rigidez disciplinaria, muchas veces excesiva, y no el diálogo.
Quienes se enfrascan en una agresión contra su liceo, dice desde Búsqueda el comentarista Gianelli, «actúan como si desconocieran que las cosas no son gratis, que todas tienen un valor, que su obtención supone un sacrificio»
Coincidimos, pero también afirmamos que es necesario multiplicar la reflexión para buscar soluciones, entre todos, para hacer retroceder algunos síntomas que son de disgregación social. La crisis muestra índices, como ese 16% por ciento de desocupación, y un crecimiento de 10% anual de las zonas marginadas.
Sin tratar de justificar nada, debemos tener conciencia de que más de uno de los niños que actuaron en la pedrea, debe vivir situaciones familiares complejas. Si a esas vivencias, que por lo menos provocan inseguridad, le sumamos una mala relación con las autoridades de un centro de enseñanza, el resultado puede ser explosivo.
Es obvio que nuestra sociedad está enfermándose: la marginalidad es aterradora. Como otro elemento de esa sintomatología, hay un tema significativo: la sociedad uruguaya es la que tiene el mayor índice de depredadores de elementos públicos (teléfonos, cartelería, mobiliario urbano, etc.) Aquí existe un promedio de depredación que es del 25%, siendo el continental del 8%.
Esta cifra está desnudando estos males, ese odio de personas que no necesariamente provienen de barrios marginales, que destrozan las cosas puestas para su propio servicio tanto por empresas públicas como por intendencias.
¿No es hora de que se analice el tema en su conjunto? ¿Que se vea dónde están las raíces de esa agresividad?
Lo peor de todo es politizar o partidizar sugiriendo que detrás de los alumnos del Liceo 12, o de quienes ocuparon otros establecimientos, hay siniestros militantes de ideas inconfesables, o partidos políticos que buscan en el caos aquello de «cuanto peor, mejor».
Todas sus apreciaciones están basadas en una concepción conspirativa de la realidad. *
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