Las aguerridas respuestas del ministro Brezzo

Alguien, inadvertidamente, podría pensar, examinando el contenido de la carta de respuesta del ministro de Defensa Nacional a la bancada de senadores del Encuentro Progresista, que el ministro actúa con inexperiencia y precipitación, que se trata de los errores comprensibles en el celo y la precipitación de un funcionario activo y diligente al frente de un Ministerio de excepcional importancia para el país y sus gastos presupuestales. No es así.

Las expresiones inadecuadas, fuera de lugar, que el ministro Brezzo incluye en su nota, dan cuenta no ya de un error personal y contingente, el fallo de un secretario de Estado, del que ningún ser humano está libre, sino de un fenómeno nuevo, muy contemporáneo en nuestro país, pero que reconoce antecedentes en otras regiones del continente.

Brezzo pertenece a un grupo colorado de larga trayectoria en el gobierno, de amplia y sostenida promiscuidad con el poder: el Foro Batllista. Este es un dato fundamental. En el caso de esta agrupación política, el principio de cohesión, la fuerza ordenadora de la pertenencia al grupo lo es todo. Dentro del Foro hay perspectivas, hay resguardo. En el Foro nadie queda a la intemperie. Rige, además, el precepto aglutinante que dentro del Foro, «la ofensa hecha a uno es la ofensa hecha a todos».

En tiempos de tormentas políticas, cuando se avecinan cambios, las seguridades ofrecidas por el Foro Batllista no son previsiones cautelares a desdeñar por nadie. Un seguro contra todo riesgo, unos hermanos poderosos, ¿qué político «de la situación» podría desdeñar estos abrazos?

Al frente del grupo, en la conducción emblemática pero sin desdeñar nunca los detalles y las vicisitudes tácticas, al frente del Foro se encuentra el «gran combatiente», el gran cruzado contra la izquierda, don Julio María Sanguinetti. Un don que sabe retribuir, que no olvida a los suyos y menos olvida a los que lo ofenden.

Así rodeado y protegido, el ministro Brezzo cabalga un tigre: el Ministerio de Defensa, con una fuerza como la Armada Nacional atravesando una crisis de conducción de enorme gravedad.

En este episodio, la respuesta del ministro permite confirmar en primer lugar la justeza de algunas de las denuncias realizadas por los senadores de izquierda a través de una carta reservada a la administración.

Los hechos que el ministro confirma son de por sí lo suficientemente graves como para que su gestión sea juzgada por sus notorias insuficiencias.

En segundo lugar, pese a la claridad de los textos legales y constitucionales al respecto, el ministro se sigue equivocando, de manera clamorosa, acerca de la competencia de la Justicia Militar en lo atinente a los delitos cometidos por militares.

En medio de un cuadro de desatinos, balbuceos y ausencia de explicaciones, el aguerrido forista no examina la naturaleza legal, el acierto o no de su permanencia al frente de la cartera de Defensa, como haría cualquier ciudadano que, por cefas o por nefas, constatara que se equivocó o que ha sido desbordado por los acontecimientos. No, no es esa la actitud del buen kamikaze forista.

Siente que se salva siendo un buen soldadito del Foro, aunque sus razonamientos hagan agua por donde se mire.

Entonces lanza sus diatribas contra el Encuentro Progresista. Le imputa a la bancada de senadores la «ausencia de pruebas» sobre sus denuncias, como si alguien desde afuera del Ministerio de Defensa hubiera podido realizar las investigaciones contables, de arqueos y de conductas que son responsabilidad de la administración.

Y ya que está pintado de guerra, el ministro la emprende, en una carta oficial que debería respuestas sustantivas a interrogantes graves, con una serie de insultos políticos e ideológicos propios de las usinas foristas. Un desatino tras otro. *

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