En el tercer milenio ¿tendrán voz los países en desarrollo?

Escribe Daniela Yelpo

La Organización Mundial del Comercio (OMC) congrega a más de 100 países que realizan un esfuerzo sin precedentes por globalizar el comercio. Sus propulsores lo ven como un medio de impulsar la economía mundial reduciendo los obstáculos comerciales, pero sus opositores opinan que la OMC sistemáticamente está fagocitando las protecciones a los trabajadores, los consumidores y el ambiente, y que deliberadamente usurpa los derechos de cada país a formular sus propias leyes. A esto se suma que la mayoría de los países en desarrollo tiene muy poca voz real en el sistema de la OMC. Muchos de ellos carecen de recursos financieros y humanos para participar adecuadamente, siquiera en las reuniones formales, menos aun en las numerosas reuniones informales a las que no están invitados. Muchas veces se ejerce presión sobre algunos países en desarrollo para que acepten decisiones a las que originalmente se habían opuesto.

Vulnerables son aquellos países que están endeudados y dependientes de la ayuda bilateral o los préstamos del FMI y el Banco Mundial.

Como resultado de todo esto, las decisiones y acuerdos de la OMC generalmente van en contra de los intereses de los países en desarrollo, también conocidos como los países del sur.

El primer ministro francés, Lionel Jospin, declaró en «Le Monde Diplomatique» (febrero de 2000), que la OMC constituía un foro más democrático que la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) que consta de sólo 29 miembros.

«Jospin desconocía dos datos que tornan irrisorio este carácter «democrático». En primer lugar, la mayoría de las delegaciones del Sur no disponen de un mínimo de medios humanos y conocimientos técnicos para afrontar en igualdad de condiciones los batallones de funcionarios estadounidenses, europeos y japoneses, directa y permanentemente ligados con sus lobbies industriales y financieros. Luego se presentan a la mesa de negociaciones con las manos atadas por los acuerdos anteriores que debieron firmar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM) los que hacen figurar en un lugar preferencial de los programas de ajuste estructural, medidas de liberalización y apertura de sus economías como condiciones ineludibles para otorgar préstamos o facilidades de crédito.» (Le Monde Diplomatique, febrero de 2000, Año 1, Número 8).

No puede ser que se continúe con la práctica de pequeños grupos informales que toman decisiones en nombre de todos los miembros. Esto es inaceptable. Las decisiones de la OMC son demasiado importantes como para ser tomadas a la ligera. Los miembros (grandes o pequeños) debieran tener la misma oportunidad de expresar efectivamente sus opiniones. En las negociaciones de comercio internacional no es malo en sí mismo hacer concesiones, porque la práctica de las negociaciones apunta a dar y recibir.

Lo que sí no es justo es hacer concesiones sin recibir nada a cambio. Y esto es lo que ha venido ocurriendo últimamente en las negociaciones de la OMC. Los países en desarrollo son los que han hecho la mayoría de las concesiones a los países industrializados.

Otro hecho que pone en evidencia el poder de negociación de los países industrializados con relación al de los países en desarrollo es que las propuestas planteadas por los países desarrollados logran aprobación inmediata por más que los más afectados sean los países en desarrollo.

Quizás la explicación sea la unidad en bloque de los países industrializados a la hora de negociar (como por ejemplo la Unión Europea con el apoyo de Japón y Canadá).

Pero, los países del sur debieran unirse de esta forma para tratar determinados temas, como puede llegar a ser el tema de los subsidios a las exportaciones de productos agrícolas (GRUPO CAIRNS), si es que se logra la inclusión de este tema en la agenda de esta nueva Ronda de la OMC que ha tenido varios tropiezos en sus comienzos. Ojalá así sea.

Aquellos, los países, debieran estar estrechamente unidos para tratar todos los temas que los afecten directa o indirectamente, y de esa manera hacer valer su poder negociador, en lugar de hacer tantas concesiones sin recibir nada a cambio.

Hoy por hoy la globalización lleva consigo todo lo que se le atraviesa en el camino y esto provoca que el comercio y la economía se desarrollen de una manera vertiginosa y sostenida debido a la innovación constante registrada en el área de la electrónica, las telecomunicaciones y la liberalización del comercio.

De esta manera, ya que no se puede escapar de esta situación, no nos queda más remedio que adecuarnos a este mundo globalizado, y nosotros, los países del sur, hacer valer nuestra posición de miembros dentro del foro multilateral.

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