La televisión uruguaya en tela de juicio

En estos días dos personalidades del mundo de la cultura, entendida en el sentido amplio, se han ocupado en forma polémica del papel que cumple el sistema televisivo uruguayo y la relación entre los valores y las maneras de sentir y de pensar que la televisión uruguaya alimenta con la democracia, la ética y la identidad nacional.

Se trata sin duda de un debate de enorme importancia. LA REPUBLICA ya abordó el tema, tanto desde sus páginas de opinión como informativas, procurando contribuir a que tome forma un debate que ya a esta altura resulta impostergable.

Tanto en octubre como en noviembre pasados la performance de la televisión con relación a la primera y segunda vuelta de las elecciones nacionales dejó un amplio repertorio de protestas y observaciones críticas.

Ahora el debate va más allá de la cuestión puramente político-electoral: tanto el publicista Horacio Buscaglia (en Rompecabezas de El Espectador) como monseñor Galimberti (en Canal 5, con el doctor Faroppa) desarrollaron sus planteos encarando la importancia que el medio televisivo ha ido adquiriendo como factor de reproducción de valores, como instrumento en la formación de la mentalidad y como factor de «educación».

Entendemos que el debate es pertinente y oportuno.

El nuevo Presidente de la República, doctor Jorge Batlle, se ha colocado en una actitud de independencia con relación a la administración anterior encabezada por Julio María Sanguinetti, cuya política en materia de comunicación ha sido ampliamente cuestionada desde diversos ámbitos de nuestra sociedad.

Resulta entonces auspicioso que el actual Presidente esté dispuesto a revisar algunas de las resoluciones que en esta materia ha adoptado el doctor Sanguinetti y que suelen obedecer, de manera coherente, a una visión de los medios como instrumentos del poder y más precisamente del partido o grupo que tiene el poder en determinado momento.

Unido a este criterio, los últimos gobiernos, porque a esto no escapa la administración nacionalista presidida por el doctor Luis Alberto Lacalle, han contribuido a consolidar el poder del oligopolio que controla la televisión, tanto abierta como por cable.

Un grado de concentración difícil de encontrar en otros países y que es un factor de anquilosamiento, deterioro y desvirtuación de los fines de la televisión uruguaya.

En medio de las apologías más encendidas a la libertad, al librecomercio, a la libre competencia y «a la libertad en su más amplia extensión imaginable», un muy pequeño núcleo de empresarios controla prácticamente la totalidad de la programación televisiva en el país.

La contribución a profundizar un debate nacional sobre este tema realizada –con estilos y enfoques diferentes pero igualmente interesantes– por Galimberti y Buscaglia merece ser retomada para que no se imponga el tratamiento habitual del medio poderoso, del que acapara una gran audiencia, más allá de la calidad de sus programas, que consiste en «dar la callada por respuesta», es decir, ignorar todo lo que no la cuestiona desde posiciones de fuerza.

Monseñor Galimberti ha expuesto con claridad la importancia de desarrollar formas de atención crítica al medio televisivo. Ha señalado la importancia que tiene para la vida familiar y para el desarrollo intelectual y moral del niño el ejercicio de la crítica, la reflexión racional sobre lo que se está absorbiendo desde la pantalla chica.

Por su parte Buscaglia señalando cómo todo lo que la TV emprende está en función de la lógica del «rating» y cómo la simplificación y la banalización de los problemas genera un determinado tipo de mentalidad, sostiene que la «televisión transforma todo en espectáculo, desde la guerra de Kosovo hasta el casamiento de una princesa».

Apunta también a la necesidad de crear mecanismos capaces de sobreponerse a las manipulaciones televisivas, gestando un espectador capaz de criticar, de «deconstruir» el mensaje manipulador.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje