Para Mahuer y todos los olvidados
(Palabras de Raúl Legnani pronunciadas ayer viernes 17 de agosto a las 12 y 58 en 1410 AM LIBRE).
El pasado jueves falleció la dirigenta sindical María del Huerto Condenanza, quien fuera integrante del sindicato de los trabajadores del Poder Judicial y colaboradora del suplemento Bitácora de LA REPUBLICA.
Mahuer, como así le decían sus amigos, fue una de las presas políticas por participar de la resistencia a la dictadura, desde la asociación de Estudiantes de Medicina.
Cayó presa junto a su esposo que estaba enfermo, un tiempo antes de que yo me asilara en la embajada de México. Sufrió la tortura y la prisión por el solo hecho de defender pacíficamente a la democracia y a sus instituciones.
La estúpida Inteligencia de las Fuerzas Conjuntas requirió su captura junto a la mía y de otros, sin saber que ya la tenía detenida.
Una vez en democracia integró los primeros cuadros dirigentes del Partido Comunista y del PIT-CNT, para después ser parte de ese amplio espectro de militantes que aceptaron vivir a la intemperie, cuando la implosión del socialismo real.
Fue una mujer entrañable. Rezongona en sus primeros años de militancia, afectuosa y excelente cocinera en sus últimos años.
Recuerdo que hace un tiempo, cuando se intentó rescribir la historia de la huelga general y de la resistencia a la dictadura, dijo que si la derecha seguía predominando en el debate ideológico, la historia iba a escribir que los responsables de la dictadura fueron quienes realmente la combatieron. Y en eso están algunos medios de comunicación y algunos seudointelectuales, sin suerte. Por suerte.
En los últimos dos meses se han ido, junto a Mahuer, amigos como Juanjo Montano –internacionalista en Nicaragua–, el Canario Rezzano –ex preso político y uno de los combatientes del Che Guevara–, y Pedro Toledo –otro ex preso político, que dirigiera el sindicato de los trabajadores de AFE.
Estos militantes de la intemperie se fueron casi en silencio, rodeados de sus amigos más íntimos.
Institucionalmente la izquierda no tuvo un solo gesto, una sola mueca de dolor, para con ellos. Nada.
Es que esos cuatro eran de los difíciles, de los díscolos, de los que pensaban con su propia cabeza y por ello, parece, habían entrado en el olvido, ya antes de morir.
Si de algo sirve, mi recuerdo para Mahuer y todos ellos, aunque no esté físicamente presente en ese largo recorrido bajo la lluvia, en medio de la intemperie, hasta su ultima morada.
Es que el silencio respetuoso es lo que cabe ante este grupo de mujeres y hombres que una vez dieron todo, sin pedir homenajes ni recordatorios. *
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