El Nuevo Espacio y las alianzas: una propuesta a tener en cuenta
Después del cimbronazo que significó el nuevo sistema electoral que introdujo el balotaje, y cuando faltan aún tres años para la próxima contienda, hay dos partidos políticos –los que más sufrieron las consecuencias de la polarización– lanzados de lleno a la búsqueda de herramientas con las que superar el pasado fracaso electoral y construir una opción capaz de atraer los votos esquivos.
El Partido Nacional –el derrotado más notorio en las elecciones de 1999– se vio sacudido por críticas internas, acusaciones cruzadas y nuevos desprendimientos. Sólo hace poco tiempo las heridas parecen empezar a restañarse, y en la última convención fue posible advertir un clima más sereno.
El otro partido que no supo ofrecer a la ciudadanía una opción convincente, una alternativa seductora, fue el Nuevo Espacio, cuya performance en los últimos comicios fue menor que la de la elección anterior y lo llevó a perder uno de los cinco diputados con que contaba hasta entonces. La interna nuevoespacista también reflejó ese resultado electoral adverso y es así que el Partido exhibe líneas políticas divergentes.
Las elecciones de 1999 confirmaron el proceso que ya se venía advirtiendo desde hacía un decenio: la polarización del electorado. La división en tercios, que ya se preanunciaba desde hacía tiempo y que se plasmó en 1994, cedió el paso a un electorado dividido prácticamente en dos, atraído por dos visiones de país antagónicas. Tal vez el gran mérito de la reforma electoral de 1996 estuvo en obligar a los partidos a un sinceramiento, dotando de mayor transparencia a las ofertas políticas que se presentan al ciudadano.
En ese contexto, la oferta conservadora, neoliberal y continuista se encarnó en el Partido Colorado mientras el Partido Nacional no fue percibido sino como el furgón de cola de la propuesta. En el otro extremo aparecía la opción de izquierda renovadora y progresista que el ciudadano vinculó con el EP-FA, y no con el Nuevo Espacio.
Ante esta realidad y este nuevo mapa político, la reciente propuesta del líder de ese Partido, senador Rafael Michelini, en el sentido de buscar alianzas que permitan el acceso al gobierno de las fuerzas comprometidas con el cambio resulta inobjetable. ¿Qué sentido tiene que quienes tienen en común más coincidencias que discrepancias dispersen sus votos permitiendo así que accedan al gobierno las fuerzas conservadoras? Incluso el llamado de Michelini al doctor Ramírez –por más que éste se haya apresurado a afirmar que no abandonará su lema– es de una total coherencia. En efecto, desde las acerbas críticas y acusaciones a su adversario en la interna nacionalista, el ex precandidato blanco ha ido observando una evolución interesante, que lo lleva a rebasar el ámbito personal de sus cuestionamientos para situarse claramente en la trinchera opositora con fuertes críticas a la política económica y sus efectos. Y no se trata sólo de cuestionamientos coyunturales sino que el doctor Ramírez se ha declarado francamente contrario a la doctrina económica neoliberal. Si a ello sumamos su robespierriana incorruptibilidad, el doctor Ramírez es sin duda una figura referencial.
La exhortación efectuada por el líder nuevoespacista es un paso de enorme trascendencia en el panorama político nacional. Significa bastante más que una señal pues se trata de una propuesta explícita. En momentos en que importa aunar esfuerzos y sumar fuerzas partidarias del cambio y de corregir los lineamientos de la política económica actual, es preciso bajar los puentes levadizos.
Hay que hacerlo sin soberbia y con voluntad de llegar a acuerdos. Y hay que empezar a hacerlo ya. *
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