Pedro el ferroviario
LEON LEV
En una soleada tarde invernal del 10 de agosto, despedimos definitivamente a Pedro Toledo.
Un hombre a carta cabal, un obrero, un luchador social y político de toda la vida.
Oriundo de Pan de Azúcar, trajo ese aire serrano y de la gente del interior. De amaneceres y puestas de sol, de hermandad de paisano, de fraternidad humana.
Los Toledo, una familia como el ombú, firme, con mucha sombra para los días de canícula y con copa grande para cobijar de las lluvias. Varios hermanos, todos de bigote, como una marca familiar, no sé si había alguna mujer entre ellos.
Serenos, pausados, de manos callosas.
Desde joven abrazó la causa de los trabajadores.
A principios de los 50 era secretario general de APTA, el sindicato que agrupaba a los talleres mecánicos.
Eran épocas de división sindical y de sindicatos autónomos. Pedro tenía claro el norte de su brújula: la unidad de la clase obrera.
» El método de la unidad de acción fue fundamental para ir limando asperezas. Comenzó coordinando paros, manifestaciones y asambleas conjuntas, que ponían la unidad como eje central, más allá de los desencuentros parciales.
«En 1950 creamos la denominada Mesa Unitaria que trataría de ir instrumentando las condiciones para la unidad de los gremios afiliados a la UGT y los sindicatos autónomos, pero unitarios». Relata en el libro Vida de un Metalúrgico, sobre Rosario Pietrarroia.
En 1953 se forja la unidad de los trabajadores metalúrgicos y talleres mecánicos.
En un congreso iniciado en el Club Boston y continuado en el Sindicato de la Aguja, porque los sábados había boxeo en el Boston.
Ahí nace el Sindicato Unico Metalúrgico, Mecánicos y Afines. Con una dirección colectiva integrada por los tres secretarios generales de las organizaciones de origen:
Gerardo Cuesta, por FOMU, Rosario Pietrarroia por SUIM y Pedro Toledo por APTA, quienes elaboraron su proyecto de estatuto y puesto a consideración en el primer Congreso Ordinario realizado en el mes de octubre de 1956.
Al poco tiempo Pedro ingresa a la Administración de Ferrocarriles del Estado, y por su honestidad, calidez y dedicación, asume puesto de dirección sindical a nivel ferroviario. Trabaja por la unidad del gremio ferroviario y por su adhesión a la unidad de todos los trabajadores.
Fue un puntal en la gestación de la CNT, Convención Nacional de Trabajadores.
Desde el primer momento se enfrentó al golpe de Estado de 1973, junto a los dirigentes sindicales de la central obrera. Con ocupaciones de fábricas y establecimientos de trabajo. Pasó a la clandestinidad con esa serenidad de siempre, sin dudas ni titubeos. Valiente sin alharacas. Cumpliendo el compromiso de «no darle un minuto de tregua a la dictadura.»
Pasó por las mazmorras del régimen y su destrato degradante.
Cuenta en el libro citado:
«Estuvimos juntos en el Cuartel de Artillería Nº 1, conocido como el Cuartel de La Paloma. Allí pasamos uno de los períodos más duros de la vida de presos políticos. Fundamentalmente por el estado de indigencia que sufrimos, en especial durante el año 1976. Lo que pinta el estado el estado en que estábamos lo da el hecho que las autoridades del Establecimiento Militar de Reclusión Nº1 (Libertad), se negaban a recibirnos en esas condiciones.
La hambruna a que éramos sometidos se acompañaba de un régimen de cautiverio severo, sin derecho a lectura.
Tuvimos algunos «recreos», a los que salíamos encapuchados y con las manos atadas, a una cancha de pelota de mano. En algunas oportunidades se nos permitió sacar la venda y desatarnos las manos.
Luego de haber pasado por los ‘infiernos’ (de la tortura), seguimos soportando otro nivel de torturas, la hambruna.
Almorzábamos un caldo acompañado con un poco de harina de maíz, a veces recortes de grasa o pedazos de verdura.
Desde febrero de 1976 hasta setiembre de 1978 nunca vimos un pedacito de carne. Todos los que allí estuvimos rebajamos no menos de 20 kilos en 10 meses de 1976.
Lo único que teníamos autorizados era estar sentados en los colchones y caminar en un número no mayor de cuatro por la barraca de detención».
Luego pasó al Penal de Libertad, desde donde salió poco antes de caer la dictadura.
Con la democracia reingresó al ferrocarril y sin hacer pesar sus antecedentes, sino por sus propios méritos accedió a la presidencia de la Unión Ferroviaria.
Encabezó junto a otros dirigentes sindicales la lucha contra el desmantelamiento de AFE y la supresión del servicio de pasajeros. Lucha dura y difícil que amalgamó a las nuevas generaciones ingresadas bajo la dictadura con los viejos dirigentes sindicales.
Fue uno de los forjadores de la unidad del nuevo movimiento sindical con los viejos luchadores obreros, y por eso se construyó una sola central sindical: PIT-CNT. También contribuyó a la creación de la Mesa Sindical Coordinadora de Entes del Estado.
Pero no sólo se destacó en el trabajo sindical, también fue un militante de todas las horas del Partido Comunista.
Si firme fue en «la hora de los hornos» durante la dictadura, también le tocó asumir la Secretaría de Finanzas del Partido en momentos muy difíciles y rendir el informe sobre el estado de las cuentas en 1992. Se retiró de la vida partidaria.
Honesto a carta cabal, nunca devolvió golpe por golpe, ni contestó agravios.
Nadie podrá endilgarle haberse quedado con un solo peso del Partido.
Frenteamplista desde el comienzo, fundador, siempre trabajo por la unidad sin exclusiones.
Sus últimos años los pasó trabajando en una empresa junto a la familia.
Forjó una familia unida, llena de afecto, que se abrazó estremecedoramente y con lágrimas en los ojos cuando su féretro bajó- al nicho familiar.
A su compañera Tilda de toda la vida, a sus hijos, a sus hermanos, a sus nueras, vaya nuestro saludo.
» Se fue un imprescindible», me dijo un viejo luchador sindical ferroviario cuando nos despedíamos.
Sí, Pedro «el ferroviario», Pedro » el metalúrgico», se fue, pero su ejemplo de vida y de lucha se mantendrá vivo.
Hasta siempre, Pedro. *
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