El MGAP no hizo bien los deberes
OSCAR PERNA
Recuerdo, cuando era gurí, que en una oportunidad anhelaba ansiosamente un «chiche», que por aquel entonces estaba muy de moda. Todos los gurises del barrio tenían uno y yo no, por lo que insistentemente se lo pedí a mis padres.
Ellos, muy solícitos, accedieron a mi petitorio, pero con la consiguiente condición de que para ello debía esmerarme en mis estudios. La frase fue muy contundente, «hacé bien los deberes y conseguí una buena nota y te lo daremos».
La cosa no podía ser mejor, faltaba menos de un mes para que en la escuela me entregaran el carné y yo, en mi ansiedad, ya sentía ese anhelado «chiche» entre mis manos. Lo primero que hice fue contárselo a todos los otros en el barrio y en la escuela. Caminaba como pisando las nubes, totalmente embobado e impaciente por que llegara el día del carné y el «chiche».
Pero, en virtud de mi bobera, me olvide de esmerarme en el cumplimiento de la condición que me habían impuesto. En resumen, llegó el día del carné, las notas eran desastrosas, ya que no «había hecho bien los deberes» y como penitencia me quedé sin el «chiche».
Vino a mi memoria esta anécdota de mi infancia, cuando días pasados leía la trascripción taquigráfica de la Comisión de Ganadería Agricultura y Pesca del Parlamento en oportunidad de la visita a la misma del ministro de Ganadería Gonzalo González, el subsecretario, junto a técnicos de dicha cartera y el presidente del INAC.
En dicha reunión, se le solicitan explicaciones a los mismos sobre la forma en que se llevó adelante la coordinación de la visita de la Misión Europea, que fiscalizó el tema de la aftosa, con la intención de evaluar el retorno de la comercialización con nuestro país, la que finalmente terminó en fracaso.
A todo esto el ministro contestó textualmente, en un pasaje de su alocución: «Creo que en el fondo hay un conflicto en cada uno de nosotros entre lo que queríamos y esperábamos que pasara por la necesidad que tiene el agro de que haya movimiento y venta de su ganado, la industria frigorífica de exportar y los trabajadores de no estar en seguro de paro, y lo que finalmente pasó.
Se le preguntó al ministro por qué se había llevado a esta Misión a un frigorífico que tenía problemas de remarcación de ganado, y no se previó solucionar el tema con antelación o conducirlos a otro lado donde no existieran estos problemas.
El titular de la cartera contestó, con mucha firmeza, que se pretendió hacer las cosas con total transparencia.
Recuerdo que cuando la Misión terminó la recorrida, se dieron buenos augurios sobre el tema. Lo dijo el propio doctor Julio Barozzi, en rueda de prensa; basado en esto titulé la nota publicada en LA REPUBLICA, «Informe positivo sobre la situación sanitaria. Hicimos bien los deberes».
Pero resulta que poco después se hablaba de que todo estaba mal, que el informe había sido negativo y por lo tanto no nos habilitaron, o sea que resultó que los deberes no estaban bien, sino apenas garabateados.
No nos cabe duda de que los técnicos del ministerio, con el ministro a la cabeza, actuaron con total transparencia y honestidad.
De haber cambiado la realidad de las cosas, si se descubre la falacia, las consecuencias habrían sido catastróficas, los mercados habrían perdido la confianza en nuestro país y en nuestros servicios y los perderíamos para siempre.
Pero se actuó, según el ministro, con la ansiedad de que se reestablecieran las negociaciones el 16 de julio. La fecha estaba tan ahí y ya se podía sentir como concretada; y en esa ansiedad y en ese anhelo, se olvidaron de cumplir con las condiciones que nos habían impuesto, llegó la Misión Europea, nos calificó con malas notas, porque habíamos hecho mal «los deberes» y como penitencia nos quedamos sin el «chiche». *
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