REVELACIONES DE LA PRENSA BRASILEÑA

Vigencia de peligrosas doctrinas militares

Empecemos por decir que aun en los períodos de gobiernos militares, la prensa brasileña asumió actitudes de independencia y profesionalismo. En pleno régimen de terrorismo de Estado, los diarios informaban lo que sabían y los periodistas preguntaban, sin autocensurarse. En contraposición, no faltaron las persecuciones, las clausuras y los periodistas asesinados, como el recordado Vladimir Herzog.

Las denuncias actuales referidas a actividades secretas del Ejército brasileño tienen una importancia que desborda la peripecia de ese país.

Como se recordará, cuando en abril de 1964 se produjo el golpe de estado contra el gobierno constitucional de Joao Goulart, con activa  y demostrada– participación de funcionarios norteamericanos, se estaba iniciando –y no sólo para Brasil– un nuevo período histórico. «Donde va Brasil va América Latina» comentó por entonces un veterano diplomático. Las repercusiones del golpe del 64 se sintieron en todos los ejércitos del Cono Sur. En Argentina inspiraron el golpe que en junio 1966 perpetró Onganía contra el gobierno legítimo de don Arturo Illia.

El golpe en Brasil tuvo también consecuencias en Uruguay. Algunos generales de extrema derecha sintieron que había llegado «la hora de la espada» y las primeras insinuaciones de golpe se formularon en junio de 1964.

También de entonces son las resoluciones de los gremios de responder con la huelga general a la acción antidemocrática del golpismo y los primeros pasos de la preparación de la lucha armada contra el golpe.

El precedente viene a cuento si analizamos las denuncias actuales. Se trata de la divulgación de hechos que los militares mantenían en secreto acerca de investigaciones de los servicios de inteligencia del Ejército sobre las actividades (legales) de organizaciones sociales (también legales) como el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, el popularmente conocido como MST.

Tanto los medios oficiales como el conjunto de la opinión pública han considerado que las denuncias formuladas reposan sobre hechos verdaderos cuya gravedad nadie desconoce. Sobre el punto el debate que se ha instalado resulta oportuno y esclarecedor.

Una nota editorial del jueves 9 de agosto de Folha de Sao Paulo, firmada por el analista Helio Schwartsman, empieza por señalar, con alarma, que la «vituperada doctrina de la seguridad nacional permanece en pie».

Para el analista, parte del problema nace del hecho que «Si usted educa a los militares, desde chicos, para defender a la patria de sus enemigos y no les da enemigos, se torna casi inevitable que se creen uno, imaginario.»

Según cree Schwartsman «no hay una incompatibilidad irremediable entre la actividad militar y la democracia, pero es importante reconocer la tensión entre las dos y tomar precauciones extras para que la diferencia de perspectivas no dé lugar a la conspiración abierta. Es preciso, agrega, en primer lugar definir el papel de las Fuerzas Armadas para, a partir de ahí, establecer los límites de su actuación.»

Después de analizar las características de la guerra actual y las distintas hipótesis de conflicto, el analista de La Folha examina distintos mecanismos para lograr que las actividades en defensa de la patria no se tornen un ataque a la misma. Se plantea con ese propósito, evitar investigaciones secretas y un estricto contralor, por parte del Congreso, del uso de los recursos presupuestales asignados a Defensa, para evitar el riesgoso desborde hacia objetivos civiles.

Jerarquiza asimismo la importancia de la jurisdicción de las autoridades civiles en las cuestiones que tienen que ver con el orden interno, como droga, etc.

Es un debate que va más allá de las fronteras de aquel país. *

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