Un aporte a la reactivación productiva
MARCELO J. FILOMENO
La Concertación Nacional Programática
Inmersos en la peor crisis económica que los uruguayos con vida recordemos, y buscando salidas a la misma, se han escuchado apelaciones a aquel gran acuerdo gestado en el final de la dictadura y agotado prematuramente en la lucha política y de intereses rápidamente desatada. Queremos rescatar un aspecto del mismo, para argumentar en pro de una de las tantas alternativas posibles para generar producción y trabajo: el combustible vegetal o biodiesel.
El informe que el 8 de febrero de 1985 elevaron a la Mesa Ejecutiva de la Conapro los representantes del Partido Colorado, Partido Nacional, Frente Amplio, PIT-CNT y entidades rurales, comenzaba así: «La reactivación del ingenio azucarero de Mercedes (Arinsa) es una necesidad impostergable debido a que permitirá la utilización de una moderna planta para cuya instalación el país invirtió millones de dólares, generando ocupación en una región de alto desempleo. La viabilidad económica de esta reactivación, como la de toda la industria azucarera nacional, depende de la implementación de una política respecto a la producción de agro energía que adopte el próximo gobierno, al existir una capacidad industrial instalada que supera en un 50 por ciento las necesidades del consumo interno de azúcar». Como es sabido, nunca hubo tal implementación de política agroenergética, sino todo lo contrario, una demencial desregulación –para favorecer la importación– que alcanza hoy, junto con la crisis, sus máximos niveles, en la realidad de la también probable liquidación de Ancap como empresa estatal.
El aliento de una esperanza productiva
La terrible situación de la agropecuaria, producto de voluntades gobernantes, a lo cual se han agregado ahora calamidades naturales –primero la aftosa y luego la inestabilidad climática impidiendo las siembras de invierno– enmarca el surgimiento de la propuesta de producción de biodiesel, combustible elaborado a partir de aceite vegetal y alcohol, que se constituye en una esperanza para la agropecuaria y para el país. Esta idea, que está a estudio de una comisión interministerial, integrada por representantes de los ministerios involucrados en la temática, es bien mirada por el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, al tenor de manifestaciones efectuadas a dirigentes rurales. Según ha trascendido, sólo sobre la base del girasol como materia prima, habría que triplicar el área destinada a este cultivo, llevándola de 50.000 a 150.000 hectáreas, para poner en marcha el proyecto. A un precio promedio de 150 dólares la tonelada esto mueve más de 20 millones de dólares anuales. La soja y la colza son otros cultivos oleaginosos susceptibles de ser utilizados, como asimismo, para la producción del alcohol necesario, la caña de azúcar y la remolacha. El aspecto industrial estaría contemplado con las instalaciones hoy inactivas en todo el país, con la necesaria renovación y/o reconversión para tornarlas eficientes y competitivas. En esa dirección, el gobierno argentino –a pesar de todos los pesares– ha abierto una línea de crédito de 80 millones de dólares para la agroindustria elaboradora del biodiesel, estando en construcción una fábrica en Santa Fe, en tanto aquí se anuncia que Paysandú podría comenzar con la experiencia.
El biodiesel y las intendencias
El rol de las intendencias del Interior puede ser fundamental, promoviendo y alentando emprendimientos conjuntos con el capital privado, contribuyendo, desde lo local y regional, a la reactivación del país. Hay argumentos de orden productivo, como lo es la complementariedad del girasol en la rotación agrícola-ganadera, la conservación ambiental, su calidad de recurso renovable, etcétera. Si las declaraciones de un técnico del MGAP recogidas por LA REPUBLICA, 5 de julio, página 21, son fidedignas, hay esperanzas. En efecto, luego de informar sobre la existencia de documentos oficiales acerca del tema, explica que «en las condiciones actuales, la evaluación de biodiesel a precios de mercado, se aproxima bastante al precio del gasoil en el mercado local; desde hace más de un año la relación de precios comenzó a ser favorable al biodiesel porque el aceite está muy barato y el petróleo muy caro; si la relación de precios se modificara, habría que definir políticas públicas que transfirieran beneficios a esta alternativa para hacerla viable en condiciones de mercado».
Las expresiones precedentes, por parte de un técnico estatal, eran impensables hasta hace poco tiempo. Definición de políticas públicas productivas, transferencias de recursos, niveles de protección, eran herejías para la ortodoxia económica oficial, así como las barreras arancelarias, levantadas nuevamente por estos días, al igual que la imposición de la denominada «tasa estadística». Algo debe estar sucediendo –forzosa y objetivamente– al rigor de las circunstancias. Quizás haya que efectuar una acumulación de cambios «micro» para lograr el cambio «macro» en la economía y en la vida toda del país. El comienzo de la producción de biodiesel, apoyado por las intendencias, puede ser uno de esos pequeños grandes cambios. *
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