Enseñanza: con una mano se le da y con la otra se le quita
ROQUE ARREGUI
Ha sido una constante histórica, que al momento de tratarse de la asignación de recursos económicos para la Enseñanza haya mucho ruido y pocas nueces, el parloteo sustituye a los hechos y al final de cuentas nos encontramos como nos encontramos: que Uruguay sólo destina aproximadamente un 3 % del Producto Bruto Interno para la Educación, y que a nivel de Latinoamérica formemos parte de los países que menos destina a esta área que es prioritaria para el desarrollo humano y económico.
Recordemos sólo algunos ejemplos: 1) Cuando en el primer período de gobierno democrático se vuelve al cumplimiento legal de que lo producido por las herencias yacentes debe volcarse a Primaria, el entonces presidente del Codicen (¿en acuerdo con el ministro de Economía?) establece que lo que se reciba por este concepto en vez de sumarse debe descontarse de las asignaciones presupuestales; 2) En las dos últimas campañas electorales nacionales, desde los partidos que componen la coalición de gobierno se prometió elevar las ingentes partidas presupuestales. En el propio compromiso firmado por el Honorable Directorio del Partido Nacional para apoyar al Dr. Jorge Batlle en el balotaje se estableció que se fortalecería el presupuesto de la educación hasta llegar al 4,5 % del PBI. Sin embargo la Ley de Presupuesto y el proyecto de Rendición de Cuentas impulsado por la coalición integrada por el Partido Colorado y por el Partido Nacional nada de eso hacen.
Capítulo aparte, y es adonde queremos llegar, son los argumentos que en forma recurrente se esgrimen cuando se quieren privatizar áreas estratégicas del quehacer nacional. Siempre se usa a la educación para ello. Sabiendo que esta área es muy sensible para la sociedad y que sus 55.000 funcionarios están inmersos en el tejido social, y que sus 3.000 locales cubren todo el territorio nacional mostrando sus carencias edilicias y de equipamiento, argumentar que con los que se obtenga de las ventas se puede mejorar la educación se piensa que puede llegar a ser rentable políticamente. Este discurso se realizó en el fallido intento de privatización masiva del 92, se empleó para el marco regulatorio del sector eléctrico, se emplea para Antel y también para la subasta del 80 % de las acciones de la Terminal de Contenedores del puerto de Montevideo.
Algunos se habrán regocijado. Para nosotros fue triste este remate realizado. Y otra vez el mismo argumento: «con lo que se obtenga construiremos locales para centros educativos».
Lo que no se dice es que lo que se votó en el presupuesto para la educación impide un funcionamiento normal, y que encima de eso, ni siquiera eso se ejecuta porque la Tesorería General de la Nación envía sólo una parte de las partidas votadas.
El Acta 22 del Codicen es concluyente al respecto y por eso nos parece importante transcribir algunos pasajes de la misma: «Que desde el ejercicio 1999 se ha venido dando un importante desfasaje entre el crédito presupuestal asignado al ente y la disponibilidad financiera, considerando a tales efectos los cupos mensuales otorgados por la Tesorería General de la Nación», «que este desfasaje afecta en mayor medida al plan de inversiones… lo que equivale al 47 %», «Exhortar a los Consejos Desconcentrados a que se adecue la ejecución de inversiones, a la disponibilidad financiera existente, prescindiendo del monto máximo de crédito presupuestal asignado».
Por ello lo del título: a la enseñanza con una mano se le da y con la otra se le quita. Y se le termina quitando mucho más que lo que se le da.
Por eso, aunque algunos compartan las ideas privatizadoras de áreas estratégicas de nuestra economía, lo menos que se puede hacer es ufanarse con que la enseñanza aumentará sus partidas. Tampoco se puede hacer creer que si lo que se obtuvo se reparte por departamentos, cada uno de ellos incrementará su asignación presupuestal. Con una mano se le da y con otra se le quita. *
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