Políticas sociales: sorprendentes coincidencias

JORGE R. BRUNI

 

El Celadu (Centro de Estudios para la Democracia en Uruguay), el Equipo de Representación de los Trabajadores en el BPS – ERT y el Instituto Cuesta Duarte del PIT CNT son centros de investigación que analizan «Las Políticas Sociales» y patrocinan el seminario que el 23 de agosto de 2001 se realizará teniendo como tema central «La necesidad de Políticas Sociales como Políticas de Estado»:

«Pobreza y Políticas Sociales en América Latina», fue el tema que abordó el contador Enrique Iglesias en la Cámara de Representantes hace apenas nueve días.

No me gustó. Demasiado pragmático y descriptivo, flaco de imaginación, raquítico de utopías, esas que diariamente nos ayudan a mover lo huesos, como diría mi tía vieja.

Con cierta audacia en algunos temas, los menos. En otros, mirando para el costado.

Tengo claro, muy claro, que mi opinión contradiciendo la del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, figura reconocida mundialmente, le debe importar a muy poca gente. Es otra cosa lo que quiero destacar.

En los días que corren todo el país pudo ver por televisión el remate de la playa de contenedores del puerto. ¿Quién no experimentó una sensación de incredulidad, angustia, depresión, rabia y yo que sé cuantas cosas más, cuando el rematador al no obtener nuevas ofertas luego del clásico «quién da más», dio el martillazo final?

Como quien compra un mueble o una casa en Gomensoro y Castells o Bavastro, aquí era en la Bolsa de Valores, ¡cuándo no! unos belgas junto a unos uruguayos, entre ellos un ex ministro de Economía del primer gobierno del doctor Sanguinetti, se quedaron con parte de nuestro querido puerto. El que tanta fama nos ha dado. Tanta que motivó la vieja lucha de puertos con los argentinos 200 años atrás.

Como fin del festín y la rebatiña, en medio de los vítores, de vivas la patria, aplausos, abrazos y besos, llegó la última de las desvergüenzas: ¡festejaron con champaña!

Horas después, caliente el muerto aún, un senador del partido de gobierno anunció que seguirían las subastas públicas. Llegaría el turno del Aeropuerto, partes de Ancap, Antel, etcétera.

Y como al que no quiere sopa, dos platos, en los días que corren han surgido noticias preocupantes cuando no escalofriantes: se nos viene la embestida baguala contra el agua, un bien común de la Humanidad. También querrían privatizarla. Ya nada sorprende. ¡Si privatizaron las jubilaciones y pensiones!Permítaseme recordar que en el año 1997 visité uno de los tesoros arqueológicos mayas: la ciudad de Tulum, en México. A la entrada un cartel decía: ¡no a la privatización de Tulum! No tienen paz con nadie estos fundamentalistas neoliberales.

Cómo extrañarse entonces que un Nobel de literatura, el entrañable José Saramago, expresara su indignación años atrás diciendo: «Cuando me informo sobre el proyecto para privatizar Machu Picchu, propongo entonces privatizar la Capilla Sixtina, el Partenón, la Catedral de Chartres, la Cordillera de los Andes, los estados, el mar, el cielo, y ya que estamos metidos en esto de las privatizaciones que se privatice también ¡la puta…que los parió a todos!».

Pues bien. A esta altura de mis divagues se estarán preguntando qué tendrá que ver todo esto con mis críticas a Enrique Iglesias, que a nadie le importan salvo a mí, respecto de lo que dijo en el Parlamento en su conferencia del 27 de julio pasado.

Es que hablando sobre la pobreza y la multiplicación de las desigualdades sociales dijo:

«Debemos tener un Estado fuerte, es decir, que tenga un poder regulador del mercado para que funcione adecuadamente, un poder compensador de los sectores de mayores carencias y, sobre todo, un Estado habilitador para que la gente pueda participar desde la construcción de su propia agenda… Hay que quebrar el círculo vicioso de la reproducción de la pobreza a partir de intervenciones inteligentes donde el Estado y la sociedad civil tienen que ser fuertes…Un Estado que sepa regular, que sepa asegurar la justicia y, de alguna manera, promover la solidaridad».

Esta es la parte que anuncié había sido un tanto audaz al enfocar algunos temas. Lo que hoy día ya no es novedad decirlo. Estado fuerte, participación popular y promoción de la solidaridad. ¿Qué les parece? Lo dice el presidente del BID, no yo, un loco suelto e irresponsable, dirían quienes conducen la política económica del país.

Ya en 1993 otro entrañable, Mario Benedetti, comentando el papel que tuvo la International Telephone and Telegraph Corporation, la nunca bien ponderada ITT y el venerado ex secretario de Estado norteamericano don Henry Kissinger en el derrocamiento y asesinato de Salvador Allende que entronizó al asesino Pinochet, había escrito: «Si el fundamentalismo privatizador sigue invadiendo finanzas y fronteras, no es descartable que el Estado, a breve plazo, vea reducidas sus funciones a las de subinspector de tráfico o covachuelista de segunda. Pocos parecen advertir que quedarnos paulatinamente sin Estado equivale a quedarnos también sin democracia».

Otro estilo, otro pensamiento, otros años. Benedetti e Iglesias, muy respetados los dos. Con enormes diferencias políticas, filosóficas. Sustanciales sin duda.

Pero con algunas coincidencias, ¿no? Por más coyunturales que sean. *

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