Todo cero

REINALDO GARGANO

 

El alcalde de Nueva York, Rudolf Giuliani, puso de moda el adjetivo «Cero» a la «Tolerancia» para calificar una política represiva implacable del delito. El hombre se hizo famoso, y hasta se candidateó pero los amoríos y el cáncer lo dejaron fuera de combate. Al menos temporalmente.

Pero Giuliani puso de moda el cero, gran invención de los árabes. Porque de «cero tolerancia», pasamos de mano de los doctores de Viena, Chicago y el Opus Dei al «cero inflación». Lograda a través de este milagroso método la estabilidad económica, aunque la desocupación trepe al 20% estamos todos contentos, al menos en América del Sur y Centroamérica.

La «inflación cero» tiene un pariente cercano el «cero déficit fiscal». Los doctores del libre mercado tienen una gran sabiduría: como trabajar para gente que puede pagar auditorías, informes financieros, que compra sociedades anónimas en paraísos financieros, vinculan sus recomendaciones a nuestros «caóticos gobiernos» –así los llaman ellos– a llegar a déficit fiscal «cero» –fijos en Cavallo, peón de la dictadura y ahora centro de De la Rúa–, de forma tal que los gobiernos pese a que agobian de impuestos a la gente pobre y no gastan un peso en inversiones y políticas sociales, pueden cumplir con el pago de los cupones de los Bonos del Tesoro, las letras de Tesorería y otros papeles. Si lo hacen conseguirán «otro cero».

Cuál es el «otro cero». El «cero riesgo país», con el que las empresas inventoras de los «curros» de auditores, corredores de pista, recomendadores de inversiones, se han entrenado en los últimos años, y confiados en el porte elegante y bien sonantes de los informativistas televisivos, aparecen como los sabios de última generación, aunque no sean más que charlatanes o en el peor de los casos alcahuetes de los banqueros.

Pero para rematar ahora estamos llegando, como buen puerto para toda esta retahíla de palabrería hueca, al último grado. Ahora Cepal, la denostada creación de Raúl Prebisch anuncia, al menos para Uruguay, el «Crecimiento cero» para el 2001. No está tan mal. En 1999 el PBI cayó menos 3%, en el 2000 el PBI decreció en un 1.5%. Y ahora conseguimos, alabado sea Bensión crecimiento «Cero». Otro cero.

Y la cosa no para aquí. Finalmente los industriales, sumados a los productores rurales, sumados a los arroceros, sumados a los empresarios de la construcción están llevando a conseguir el «Cero» final. Que es hacer desaparecer a los consumidores.

Y ya sabemos. Consumidor «cero» equivale a la muerte del mecanismo.

Claro que pueden venir otros ceros. Cuando haya más tiempo hablaremos de ello. *

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