OTRO URUGUAYO OFRECE SUS ORGANOS EN VENTA

Las víctimas del modelo

Si bien no se ha convertido en una práctica habitual entre los uruguayos más sumergidos o angustiados por sus dificultades económicas, corresponde señalar que en los últimos días se ha informado de un nuevo compatriota que –en una situación límite– ofrece sus órganos en venta.

En nuestra edición del pasado miércoles 1, se consignaba que «un hombre de 42 años, padre de tres adolescentes, desempleado y agobiado por las deudas, está dispuesto a vender sus órganos para salvar a su familia». Una situación francamente dramática que no es, por desgracia, extraña a un sinfín de ciudadanos en el contexto de crisis en que está inmerso el país.

Hace un tiempo, otro uruguayo había procedido de manera similar y ponía en venta sus órganos por medio de Internet. Poco importa que tal comercio esté prohibido; en la situación de desesperación en que se halla un individuo que ha perdido su trabajo, que no logra reinsertarse en el mercado laboral y que se enfrenta a compromisos familiares vitales e ineludibles, cualquier solución es válida.

Sin que ello signifique pretender generar alarma a partir de dos hechos aislados, parece lícito expresar nuestra preocupación.

Ya no se trata de desprenderse de algún bien de uso, malvendiéndolo para obtener con qué pagar la factura de teléfono, por ejemplo. Tampoco se plantea la enajenación de un automóvil o de un inmueble; entre otras razones, porque esos «lujos» no suelen integrar el patrimonio de un desocupado. El último recurso que encuentra este uruguayo desesperado es nada menos que una automutilación, algo especialmente grave y brutalmente denotativo de la situación extrema que está viviendo.

Ante situaciones como ésta, es imposible no pensar en ciertos países empobrecidos donde el tráfico de órganos se ha convertido en práctica habitual. Reiteramos que en modo alguno estamos equiparando nuestra realidad con otras mucho peores, pero la aparición de estas ‘ofertas’ –tan sui generis y tan dolorosas– debe verse como un síntoma no solamente de la crisis económica que nos afecta, sino también de las consecuencias que ella ha acarreado en el alma y en la mente de los uruguayos.

Como hemos dicho en oportunidades anteriores, el sistema capitalista –y sobre todo su versión salvaje, libremercadista o neoliberal que nos agobia desde el último cuarto del siglo pasado– se demuestra absolutamente incapaz de dar solución a los problemas sociales que él mismo crea. Para los tecnócratas, que un uruguayo se vea obligado a ofrecer sus órganos en venta no tiene incidencia alguna en los indicadores macroeconómicos. Es algo accesorio que no les quita el sueño.

A menos –claro está– que al aumentar la oferta de órganos se verificara una baja en su cotización internacional… *

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