La timba financiera

JORGE R. BRUNI

 

Mis conocimientos de economía no pasan más allá del dos más dos cuatro. En la materia, estoy «en, o cerca de la ignorancia».

Perdón entonces por estas líneas que podrán parecer demasiado simplistas. Están escritas con el corazón, recogiendo preguntas que el hombre común se hace todos los días.

¿Cuántos años hace que nuestros gobernantes nos vienen repitiendo que hay que tener políticas que atraigan a inversores extranjeros? Yo perdí la cuenta.

Para muestra basta un botón. ¿Recuerdan el famoso art. 29 de la Ley de Inversiones, llamado prescripción de las acciones laborales, que de un plumazo borró ocho años de derechos laborales adquiridos de miles de trabajadores uruguayos? Se dijo que era para lograr la promoción y protección de inversiones. Ese fue el nombre de la ley ¿Ta’ claro, no?

Hace apenas una semana culminó un seminario organizado por el Banco Central y AFAP República. Uno de los temas que mayoritariamente acaparó la atención fue la discusión acerca de la autorización a estas sociedades anónimas para invertir en el exterior parte de los mil millones de dólares que llevan embolsados, más del 5% del PBI del Uruguay. ¡Y tan sólo en cinco años!

Tirios que afirmaron que en nuestro país no hay opciones atractivas. Troyanos que dijeron que invertir en el exterior puede resultar riesgoso. Pero eso sí: todos sin excepción haciendo referencia a riesgos, inversiones, ganancias, retornos, tasas, etc. Nada que tuviera que ver con el Derecho Humano a la seguridad social.

Todo finanzas y más finanzas, en este mundo globalizado en el que en Wall Street, el gran centro de la especulación planetaria, el casino mundial, se adoptan decisiones cuyas consecuencias las sufrimos todos. Perdón, casi todos.

Mi ignorancia me lleva a formular un par de preguntas.

Primera: ¿para qué se nos viene diciendo desde hace décadas que hay que atraer inversores externos, adoptando para ello políticas y medidas que originan enormes costos sociales, desempleo, pérdidas de derechos, informalidad, infantilización de la pobreza, miseria, etc., si acá nos estamos peleando para invertir en el exterior? ¿Qué dirán al respecto los eventuales inversores extranjeros?

Ojalá que nuestros brillantes decisores económicos arrojen un poquito de luz ayudándome en mi desconocimiento e ineptitud económica.

Segunda: ¿han sido consultados los dueños de los mil millones de dólares, trabajadores uruguayos en todos los casos sin excepción alguna, acerca del destino de sus dineros, sea Argentina, Brasil, México, EEUU, Malasia o la Calamuchita Fútbol Club?

Nuevamente acudo al saber de nuestros prohombres. Quién sabe si no me auxilian para salir del pozo de incultura económica en el que estoy sumergido.

A veces uno cree que está en un mundo de locos. ¡Ojalá fuera eso! El 27 de julio pasado, Ambito Financiero de Buenos Aires publica el siguiente título : «Philips Morris pidió perdón por insólito informe de muertes«.

¿Qué pasó? Resulta que la mayor empresa tabacalera del mundo había publicado en junio/2001 un informe en el que decía que los cigarrillos no son un lastre para el presupuesto de la nación, (a la Checa se refería) en parte porque gracias a que muchos fumadores mueren a edad prematura, el gobierno ahorra dinero en cuidados de salud, pensiones y vivienda. Y como colofón agregaba: que en 1999 el gobierno checo obtuvo una ganancia neta de 147 millones de dólares derivada del consumo de cigarrillos. Así nomás, sin anestesia. ¡Qué bárbaros! Por no decir otra cosa.

Cómo habrá sido la cosa, que el gerente general de la empresa, un sujeto llamado Bib, le tuvo que salir a apagar el incendio diciendo: «Todos en Philip Morris, no importa dónde trabajemos, lamentamos esto terriblemente». ¡Tarde piaste! Ya no se podía sacar la pata del pozo.

Ejemplos semejantes existen en este mundo globalizado. En estos días ha sido noticia la asunción a la presidencia de Indonesia de la hija del legendario Sukarno, llamada Sukarnoputri. ¡Qué nombrecito, eh! Nos cuenta E. Galeano que en ese inmenso país, hace tres años el presidente de la época, llamado Habibie, propuso ante las cámaras de TV que los indonesios ayunaran dos días por semana, lunes y jueves, para poder superar la crisis económica.

¡Piensen lo que quieran! Da lo mismo. Son cosas de las finanzas. «Es que la plata no se hace trabajando», dijo un ex dirigente sindical argentino que devino inesperadamente en millonario.

Y que no se diga que estoy agraviando a nuestros ilustrísimos ecónomos del poder. Si quieren pertenecer al mundo de la timba financiera, que así sea. Allá ellos.

Pero que jueguen de tal forma con el doble discurso de las inversiones, con dinero ajeno proveniente exclusivamente de este deteriorado mundo del trabajo uruguayo, es merecedor del rechazo, indignación y del más profundo de los desprecios.

¡Ah! ¡Por favor! Necesito un poquito de luz para entender algunas cosillas. Si no voy a creer que es cosa de locos nomás. *

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