Conversaron
LEOPOLDO AMONDARAIN
Hay una verdad evidente y es que de la crisis económica, social y política que vive el país, salimos todos juntos o no se sale. Siempre hubo un preconcepto antiizquierdista de creer que el que comulgaba en estos altares era un antipatria enemigo de la democracia y de nuestras más puras costumbres occidentales y cristianas. Situación que por reacción simultáneamente se daba en la izquierda, que también se convenció de la satanización de la derecha comprometida con las reacciones espirituales y materiales más espurias y canallescas.
Nuestro Partido Blanco pasó e incluso pasa en muchos de sus dirigentes por esos esquemas mentales. ¡Y vaya si lo sufrió!
Sumamos derrotas electorales por anatemizar y radiar compañeros de izquierda nacionalista que se fueron del lema por falta de espacios políticos sellados a cal y canto, que de haberse quedado en filas, el nacionalismo hubiese triunfado en varias elecciones. Carnelli, Quijano, Cusano, Erro, Rodríguez Camusso, Bonavita, Nin Novoa, etcétera, entre otros, son ejemplo de lo dicho. Wilson abrió una brecha en función de ideas, principios y conductas y casi lo logró. Se sostiene y con razón que le robaron las elecciones. Pero eso es historia. Ahora hubo un rompimiento de ese antiguo hielo y Larrañaga como jefe de un sector perfilado hacia un progresismo nacionalista, visitó y comenzó un diálogo con Tabaré Vázquez, cabeza visible del Frente. El senador sanducero está dando una respuesta a la zurda blanca, que es obvio presiona con el rompimiento de la coalición. Rompimiento con el que se está identificando casi desde su nacimiento el mencionado senador, que fue el único en no aceptar ministerios batllistas.
La coalición, más allá de darle la «tranquilidad» a don Jorge con la mayoría parlamentaria, no ha servido en los hechos para nada práctico. La crisis económica no la resolvió ni la va a resolver. Cierto es que se la pasan tirándole con la culpa a los ajenos. Cuando no fue el «tigre asiático» fue el «tequila mexicano», después la culpa la tuvieron los brasileños y ahora los porteños. Pero lo cierto es que el gobierno colorado, por su cuenta o con el apoyo de los coalicionados, no ha tenido la más mínima iniciativa o imaginación para buscar soluciones que otras naciones con menos recursos las tienen y han usado a lo largo de sus historias.
Acá, en cambio, se vive de lo que pasa alrededor.
No se han buscado otros mercados que se perdieron y a los cuales tampoco se les busca.
La apertura de una ventana a la izquierda puede iniciar un diálogo y estudio de otros planes de desarrollo industrial, agropecuario y económico. Un poco volver a Wilson, con quien grandes sectores del Frente no se resisten a identificarse. No me molesta, y buena cosa es prever un diálogo fluido con quienes al fin de cuentas –muchos de ellos– tuvieron nuestra misma cuna. El «parecido» con los colorados, en cambio, no se lo encuentro por ningún lado. Por más que me digan que no es «tiempo de roturas».
El perder «carguetes» ministeriales o de entes no gravita electoralmente. Lo que la gente necesita y quiere son soluciones drásticas de cambio en la política económica agotada como es la actual. Bensión es un cadáver político, dependiente de un Cavallo que empieza a tener el mismo «tufo».
El Partido Nacional debe irse ya de la coalición. Tiene razón Larrañaga. Y sabio es dialogar con quien a la postre en la última elección nacional representa la mayoría electoral individualmente tomado. Recuperemos la colectividad y su divisa, no con cargo ni prebendas sino con programas e ideas renovadoras y revolucionarias, que den soluciones al pueblo necesitado. Para que esto sea realidad podría ser solución el «charlar» con gente que puede tener más afinidades ideológicas con los blancos progresistas que con Bensión, Millor, Opertti, Julio María o don Jorge. Amén. *
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