El doctor Tarigo y la Comisión para la Paz

Tiempo hacía que ni la sombra del doctor Enrique Tarigo ocupaba un milímetro de esta página. Esencialmente política, en ella no caben –por lo general– dichos ni hechos de alguien que reniega de su específico sentido. Intentamos, al menos, no dar relieve a figuras que no lo tienen, ni a opinar sobre hechos que no conmueven.

Pero, aunque con atraso, no podemos dejar de comentar una nota que le hace referencia, aparecida en el diario El País del día 8 de julio pasado.

Es que en ésa se trata del sentido y realidad de la Comisión para la Paz como sujeto válido de un proceso de justicia. El doctor Tarigo la desestima.

Es cierto que de vez en vez, el profesor tiene ciertas rabietitas que lo obnubilan. Si no fuera así, es muy difícil comprender cómo un hombre de derecho –que así se autocalifica– puede ignorar la relación carnal existente –de ahora y de siempre– entre la justicia y el derecho.

Nada tan íntimo como esa unión relacional sostiene la vida de la sociedad humana sobre nuestra conflictiva morada. Nada es ajeno a la una ni a la otra; y si en algo ha progresado la historia es la conciencia –que aún no la practica– de ello.

El razonamiento del doctor Tarigo es lineal: desde la afirmación de que la Ley de Caducidad saldó todo acto inhumano y antisocial que cometieron los responsables estatales del proceso, hasta el apoyo de fuerzas políticas al rescate de los desaparecidos, todo es superfluo y desestabilizante. O inútil.

Pues considerarlo inútil significa advertir que la Comisión para la Paz no logrará hacer confesar a los culpables de las violaciones de los derechos humanos ni aclarar más que algunos pocos casos.

Este final de frase da la clave de por qué el señor Tarigo no entiende nada respecto al ser de la justicia y su trabazón formal con el derecho positivo. No entiende que la justicia resulta vulnerada con el solo atentado a un solo ser humano.

Por tanto, no entiende –no puede entender– que un solo acto que repare la injusticia a un ser humano es un acto válido y necesario.

Tampoco puede ver el progreso que significan para la justicia entre los hombres, y por tanto para el derecho, las acusaciones abiertas y los procesos formados contra quienes han atentado contra aquellos derechos humanos. Lleguen o no a recibir el castigo que pudieran merecer, el juicio de los hombres y la historia pesan sobre ellos. Daría para mucho más; esta nota se queda corta en materia de argumentos de razón y sentimiento. Ambos recursos que Pascal definía como espíritu geométrico y espíritu de «inesse».

Si el primero falla en el razonamiento actualizado del doctor Tarigo, el segundo no le asiste en modo alguno. Y a otra cosa: que el tiempo también tiene que ver con lo expresado. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje