ACCIONES CONTRA LA GLOBALIZACION

Luces y sombras de un movimiento que importa

«Realmente se necesita una fe ciega para encontrar una diferencia decisiva entre el liberalismo desbocado de la derecha y el social-liberalismo de una cierta socialdemocracia»

Sami Naïr, eurodiputado socialista.

La prensa y los partidos políticos europeos recién están empezando a incorporar los datos, algunos sorprendentes, de las últimas manifestaciones de protesta contra las atrocidades de la globalización que se desarrollaron días pasados en Génova.

La propia opinión pública italiana está todavía en estado de «shock» al irse conociendo (y reconociendo) las características «tercermundistas» de la represión policial desarrollada durante la conferencia de las autoridades del Grupo de los 7 más Rusia, realizada los días 20 y 21 pasados.

Una parte de la opinión mundial, sometida a las pautas de información distorsionada que difunden ciertas agencias internacionales, ha retenido sobre todo las expresiones más espectaculares y violentas de las manifestaciones de protesta.

Este ángulo lamentablemente deja en la zona de los grises nada menos que el carácter multitudinario de las protestas italianas, la diversidad de las organizaciones participantes y, y esto es esencial, la calidad científica y la hondura humanista de las denuncias realizadas contra el modelo neoliberal hegemónico.

Algunas reflexiones hechas públicas en estos días muestran el «estado de debate» en que se encuentra una parte de las direcciones políticas, universitarias e intelectuales ante el avance impetuoso del capitalismo salvaje.

Entre las muchas formulaciones de interés aportadas, comentamos las del eurodiputado del Partido Socialista Francés, eñor Sami Naïr, en una nota publicada en el día de ayer en El País de Madrid.

Escribe el político francés: «Estamos ante una globalización cuyo objetivo es ajustar el mundo a un sistema capitalista sin control, sometido únicamente a los imperativos del beneficio dictados por las organizaciones trasnacionales.»

Este capitalismo sin reglas depende de las nuevas tecnologías y de la dictadura de los accionistas de lo fondos de inversión, «su resultado (que veremos cada vez más) son decenas de miles de puestos suprimidos por aquí, algunos centenares de ellos creados por allá: un baile permanente del destino social de los trabajadores del mundo».

Y agrega el analista que, entre otros efectos, este «baile» comporta la caída del salario, como fenómeno no sólo del Tercer Mundo sino global.

Naïr examina luego los objetivos de los movimientos de protesta, marca las dificultades para proponer alternativas y para seguir desarrollando formas estructuradas de lucha y concluye: «El capitalismo globalizado cuenta con la división de los intereses sociales (…) y utiliza a fondo la ausencia de estrategia sindical transregional e internacional».

Un punto alto de las reflexiones del eurodiputado refiere a las dificultades que encuentran los partidos para encarar una respuesta ante el problema de la globalización: «En cuanto a los partidos políticos, decir que están fuera de lugar es poco. Fascinados únicamente por la conquista del poder, por el reparto de los cargos, de los privilegios, la mayoría de ellos se han convertido en fieles servidores de este sistema. La crisis que muestra el movimiento contra la globalización liberal es también la crisis de las mediaciones políticas.»

Naïr concluye que «el triunfo principal de esta globalización es precisamente tanto la deslegitimación del Estado (‘para qué serviría si vivimos en la era postnacional’) como la sumisión, a menudo cómplice, de las elites políticas, no sólo de derecha, sino además de izquierda.»

Tratándose, como se trata de la opinión de un académico y un dirigente político de primera línea, estas reflexiones son, sin duda, para ser tenidas en cuenta. *

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