CLARAS DEFINICIONES DE JUAN A. RAMIREZ

Las agitadas aguas del Partido Nacional

«Cualquier partido que no sabe hacia dónde va corre el riesgo de desaparecer».

 

Como hemos expresado más de una vez, lo que ocurre en el Partido Nacional le importa al país. Con cierta independencia del caudal de votos recaudados en las últimas elecciones, el nacionalismo representa un lote considerable de la opinión ciudadana de Uruguay.

Es, para decirlo con una jerga algo démodé, pese a sus reveses electorales, un «partido de masas», y recibe, particularmente en el Interior del país, un apoyo popular significativo y con perfil propio.

En el conjunto partidario la figura del ex candidato a la Presidencia Juan Andrés Ramírez se ha venido distinguiendo por sus iniciativas en materia de ideas, campo en el cual, hay que reconocerlo, la zafra nacional no se ha venido revelando como demasiado munífica.

Acerca del pensamiento de Ramírez resultan interesantes dos páginas de la edición de ayer de El País. Más que un reportaje se trata de una suerte de bien realizada controversia entre los periodistas y el entrevistado. Aunque lateral, el hecho vale la pena anotarlo. Ante el silencio de los que deben hablar, el profesional de la información política se ve obligado a formular argumentos, a polemizar con el entrevistado.

Las afirmaciones de Ramírez son claras y suenan como un campanazo: si el Partido Nacional no asume un rumbo político nuevo, está condenado a desaparecer. Ese rumbo debe ser el de poner los objetivos de justicia en el primer lugar de las prioridades políticas por las que lucha la colectividad.

En su deslinde y reafirmación programática, que tiene muchos puntos de contacto con las propuestas levantadas por el wilsonismo en 1971, Ramírez toma distancia categórica con los supuestos del neoliberalismo predominante. Preguntado acerca de qué piensa sobre que «primero hay que agrandar la torta para después repartir», el ex ministro del Interior responde: «Eso es una barbaridad. Una falacia que parte de sostener que los ricos son los motores de la economía (…) Eso equivale a sostener que para aumentar la justicia primero hay que promover la iniquidad».

En medio de animada porfía, Ramírez señala los límites de una pretendida apelación a la «mística partidaria» de los blancos. ¿En qué consiste la mística?, pregunta. «No puede ser que, para no pelearnos, sigamos diciendo que somos todos blancos por algo que pasó hace 150 años, o 100″.

Los jóvenes, agrega, nos ven como un partido conservador, y de esa forma es muy difícil que se acerquen al partido.

Preocupado por las tremendas diferencias sociales que existen en el país –y que se agudizan– Ramírez, que se pronuncia a favor del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas, critica ásperamente el actual sistema tributario, «que grava al consumo» y no toca los altos ingresos de los que ganan lo suficiente como para ahorrar.

Ramírez observa con lucidez el peso de las preocupaciones «economicistas» que han sembrado las modas ideológicas del neoliberalismo. Y reacciona frente a eso desde una posición de clara preocupación por la justicia social: lo prioritario, sostiene, es la situación de los uruguayos que no tienen qué comer y las tremendas desigualdades sociales que este modelo profundiza.

Los análisis del ex ministro revelan un estado de legítima inquietud por lo que nos está pasando como país y la actitud de su partido frente a eso. Por la franqueza con que están expuestos y la claridad medular del mensaje esos planteos merecen otro destino que el archivo, tan característico de los que, desde posiciones de poder, dan la callada por respuesta ante todos los desafíos conceptuales, por fundados que sean. *

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