El mundo al instante

RAFAEL SANSEVIERO

 

Uno de los vicios que más se extiende y consolida, conforme las tecnologías de la comunicación ¿otorgan? nuevos poderes a las personas, es la ilusión de la omnipresencia: Estar sabiéndolo todo, todo el tiempo. Todo y rápido. Todo, pero ya.

El mundo al instante, era el eslogan de un espacio noticioso cuyo origen no recuerdo: probablemente estuviera dirigido a estimular el apetito de noticias, perezoso, en las gentes de otros tiempos (cuarenta o cincuenta años atrás). En la actualidad podría figurar como emblema de la golosa legión de consumidores del mundo global: «Todo suyo, el mundo al instante. Buen provecho; y después, no lo olvide: Hepamida.»

El mundo CLIP

Para esa operación sin sentido: saber todo y a ultravelocidad, cuyo enunciado alcanza para revelar el estado mental de una época y una especie, el comando operacional ha recaído por décadas en la televisión; porque la imagen ofrece un inigualado poder de síntesis espacio temporal. Actualmente, fusiones empresariales mediante, la telefonía, el cable, Internet, y la televisión constituyen un escenario único, y a la vez diverso, desde el que se despliega el ilusionismo informacional. La imagen sigue siendo la gran estrella en la medida que están consolidadas la idea y la práctica de que informar es mostrar (porque para saber alcanza con ver). Ignacio Ramonet lo dice así: «Informar es ahora enseñar la historia sobre la marcha o, en otras palabras, hacer asistir (si es posible en directo) al acontecimiento. Se trata de una verdadera revolución copernicana, de la cual aún no se han terminado de calibrar las consecuencias y .» (subrayado mío).

La multiplicación y diversificación de los medios a través de los que se trasmiten informaciones no ha cuestionado el poder otorgado a la imagen sobre otras formas de acceso de la «realidad»; por el contrario, la lógica de la imagen han coptado a todas las prácticas dirigidas a comunicar e informar. La imagen ha migrado, hasta instalarse como un modo casi universal de aproximarse a los acontecimientos en todos los medios, sean estos televisivos o escritos, radios y portales de internet. Los hechos son trasmitidos y percibidos como sucesiones de flashes, con los lazos causales fracturados y de modo que cualquier pretensión de análisis se empasta en la imagen siguiente.

Demorémonos un momento en la materia prima de los bocadillos que se ofrecieron en la «tabla de noticias» cotidianamente servida, durante las últimas semanas, a los pobladores de los suburbios que rodean el Río de la Plata.

Argentina: piqueteros// muertos y heridos// Menem// procesado// asociación ilícita// corrupción// fraude// paquete nuevo y fuerte// rebaja gasto público// salarios y pasividades// recuperar la perdida confianza //combate a la evasión fiscal // desconfianza generalizada// //afectando a los principales mercados //comentarios apocalípticos // //blindaje financiero// megacanje de deuda// el país continúa en jaque// ex dictador// prisión preventiva // plan para exterminar opositores// intercambiar opositores apresados// posible crisis institucional por un choque de fuerzas… Uruguay: desocupados// piqueteros// izquierda radical// ruralistas harán piquetes// ex comandante en jefe del ejército hará piquetes// no a la carne uruguaya// veto al producto uruguayo// militares y policía// requeridos// cierre de fronteras para requeridos// extradición// apoyo del ejército// la copa se hará en colombia// presiones de empresas multiancionales// violencia// ministro protegerá selección// muere joven por meningitis// la vacuna no sirve// exigen vacunar// clausuran mutualistas// desocupados// aceptan cualquier trabajo…

La banalización de la vida

A nadie se le escapa el registro apocalíptico que predomina, más adecuado para las grandes catástrofes que para las noticias generales. Pues bien, es evidente que la respuesta ciudadana no guarda relación con la vehemencia de los informadores; ni siquiera en aquellos temas, como son la mayoría de los reseñados, en los que la información se refiere a temáticas que en períodos no lejanos constituyeron motivos de intensas movilizaciones y debates en nuestras sociedades. Estas, las sociedades, están expresamente empeñadas en la construcción de mínimas fortalezas desde las cuales enfrentar, medianamente integradas, tiempos caracterizados por la incertidumbre y la volubilidad de las circunstancias.

La noticia dice, ruidosamente, que los acontecimientos amenazan con barrer una y otra vez esas precarias construcciones. Todo aparece en cuestión; en el climax de la crisis, la noticia habla del cuestionamiento tanto al Mercosur como a las identidades nacionales; dubita acerca del papel gobernante del gobierno (en Argentina) o la real independencia nacional (en Uruguay); replantea el fantasma del «pasado» autoritario y violento (Argentina y Uruguay); aquí, el programa de inserción internacional de la principal producción agropecuaria se esfuma por la misteriosa reaparición de la aftosa y allá, la estabilidad financiera se desvanece por el aumento del «riesgo país» y el malhumor de «los mercados». Cualquiera comprende que frente a entidades tan inasibles como poderosas, la pequeñez del hombre se transforma en condena: la impotencia. Por eso los hechos no pueden ser ya vividos más que como noticias. Noticias que se empujan unas a otras, se suceden y amontonan en un mismo «espacio informativo». Todas servidas «fast», para ser rápidamente desplazadas de la atención por lo que se consumirá mañana. Así, «el mundo al instante» aunque no habla de lo lejano, lo exótico, lo de los otros, sino la propia vida, igual pasa fugazmente, apenas un instante por la mirada y la conciencia de los protagonistas.

Esta relación lúdica de los ciudadanos con la información puede explicar, en parte, la discrecionalidad con la que el sistema político expone sus desconciertos e inoperancias. La política se ha tornado más y más mediática, y los media no son el dominio de la realidad; todos lo saben; nadie lo cuestiona.

Pero mientras en la pantalla se juega, la sociedad, que no puede llamar a concordato como una empresa quebrada, ni parar como un sindicato, ni autodisolverse como un partido político, ni declarar excedentarios a sus pobres, a sus corruptos o a sus violentos, ni tampoco pasar a cuarto intermedio como una asamblea o un parlamento empatados, la sociedad sigue produciendo sus triunfos y sus miserias. Eppur si muove. ¿Hacia dónde? *

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