¡A esto lo llaman "revisionismo"!

Un conjunto de decisiones y de declaraciones públicas de parte de las nuevas autoridades que asumieron en marzo está provocando cierto revuelo en el ambiente político.

Por cierto que ya han aparecido los «sepultureros de lo nuevo» que pretenden, a través de una serie de operaciones semánticas, ignorar o restar importancia a lo que está ocurriendo con los primero pasos de la nueva administración presidida por el doctor Jorge Batlle.

Operaciones semánticas, expresiones que ocultan o desvirtúan los hechos o que los confunden con otros.

Por ejemplo ante las declaraciones del nuevo ministro de Salud Pública, Horacio Fernández Ameglio, denunciando que el ministerio se había convertido en un verdadero club político se pretende, luego de una entrevista «de ablande» perpetrada por dos legisladores del Foro sanguinettista, que se trata de una «pasajera tormenta de verano».

Habría que preguntar a los diligentes silenciadores cómo deben entenderse las declaraciones del doctor Conrado Bonilla publicadas en LA REPUBLICA el pasado domingo, en las cuales el ex jerarca de Salud Pública, destituido de su cargo como director del Hospital Pereira Rossell por denunciar el despilfarro existente, formula su punto de vista.

Ahora el dirigente fernandino de la 15 reitera que durante la administración Bustos-Amen «el Ministerio de Salud Pública era el símbolo del despilfarro y el acomodo, un verdadero agujero negro para el país».

En el marco de los actos de gobierno de la nueva administración son significativas las medidas destinadas a deslastrar un poco el gigantesco bazar de funcionarios y prebendas montado por Sanguinetti en el Edificio Libertad.

Ya se ordenó el retiro de más de doscientos funcionarios que trabajan «en comisión» en Palacio, la devolución de más de 150 celulares y en varias oficinas, según informa el semanario Búsqueda, se han dejado de recibir los paquetes de diarios y semanarios que se entregaban a cargo del erario.

En Relaciones Exteriores, en tanto se anuncia que se reducirán los gastos de etiqueta, los viáticos, los viajes, y la locomoción, según la misma fuente.

El subsecretario de la cartera, Guillermo Valles envió un inusual comunicado a los funcionarios a su cargo: «Quien pensando que tiene en mí un representante para desplazar el mérito y ocupar ese lugar con el amiguismo político o la simpatía personal, no sólo habrá perdido un amigo, sino que habrá ganado un adversario. Lamento mucho que estas palabras puedan tener un carácter admonitorio, pero no vinimos a esto buscando un cargo.»

Probablemente en los próximos días el locuaz jerarca de la Cancillería reciba la visita de las patrullas del silencio sanguinettista, cuyo grito de guerra es una vez más: «No al revisionismo. Hay que mirar hacia delante. Lo que importa es 2004.« Increíble.

Finalmente algunas expresiones del nuevo ministro de Economía, Alberto Bensión, han insistido en su compromiso con la transparencia sosteniendo que «vamos a poner a disposición del público en general y la prensa en particular la información (económica) tan pronto se genere, de tal modo que si no cumplimos, ustedes sean los primeros en advertirlo.»

Tampoco son de desdeñar las medidas apuntadas a aumentar los controles a partir de las actuaciones realizadas por los equipos técnicos de la Auditoría interna de la Nación, donde, según fuentes de la nueva administración, «surgen deficiencias en los sistemas de control que se aplican en el ámbito público.»

Despilfarro, amiguismo y politiquería, deficiencias en los controles, «bazar presidencial» en el Edificio Libertad, falta de transparencia en la información económica: todo estas anomalías y vicios en la gestión de gobierno ¿a quién se los debemos atribuir?

¿De qué gobernante es la responsabilidad de estas prácticas de mal gobierno?

¿El equipo anterior presidido por el doctor Julio María Sanguinetti o el Gran Bonete?

A las constataciones elementales y ampliamente justificadas a que llega el nuevo elenco de gobierno ¿se las debe estigmatizar con el sambenito de «revisionismo»?

Si los nuevos administradores no pueden mostrar e intentar corregir los vicios y errores del pasado ¿se están sentando las bases de una nueva forma de impunidad?

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