Sobre Bensión, profesores y chantas
CARLOS SANTIAGO
El ministro de Economía, Alberto Bensión, para responder al plan de emergencia presentado por el Encuentro Progresista – Frente Amplio, manejó una suerte de ostensible desdén, afirmando que muchas de las propuestas realizadas carecían de sustento técnico. Bensión, que ocupó un cargo docente en la Facultad de Ciencias Económicas bajo las órdenes del economista Luis Faroppa (cátedra de Desarrollo Económico), obviamente no está hoy acorde con lo que se enseñaba a los estudiantes, pues el pensamiento que aplica hoy que ni es novedoso ni original es el producto putativo de las recetas aprobadas en Washington a principios de la década pasada.
Recordemos al «Informe de Washington» que diseñó los lineamientos de esta política –elaborado por el Grupo de los 7, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial–, estableciendo las bases de este proceso destinado a lograr que las grandes multinacionales y la banca financiera succionaran los recursos de los países del tercer mundo, a los que les proponían reformas para aceitar ese despojo: la venta de las empresas públicas y las privadas nacionales, la reforma de la seguridad social, reforma del Estado, reforma laboral, achicamiento de los recursos para las prestaciones sociales como la salud y la educación, etcétera. Todo ello con el objetivo de que los países pudieran pagar cada dólar de los servicios de la deuda, a costa de la sangre, el sudor y las lágrimas de los pueblos
Bensión trata de seguir el camino de anteriores ministros de Economía, cumpliendo con los «deberes» asignados, consciente no como Batlle y ello es grave que el país va hacia un despeñadero, en donde la exclusión poblacional se sigue acentuando, sumergiéndose a cientos de miles de personas en la más dramática miseria.
Pero, además, este profesor de «desarrollo económico», ¿con qué legitimidad se atreve a desacreditar el plan de salvataje económico que el Encuentro Progresista – Frente Amplio impulsa? Dice que los libros de economía no apuntalan técnicamente muchas de las ideas manejadas, afirmando cosas que más bien son propias de un iletrado militante del neoliberalismo a ultranza que de un hombre que pasó por una Facultad de Ciencias Económicas. Denota, además, un sectarismo fuera de medida, nada democrático, convirtiendo a todas las propuestas provenientes del sector que lidera el doctor Tabaré Vázquez en «peligrosas e impracticables»
Estamos en un país a diferencia de la Argentina en que contamos como ministro de Economía a un personaje mediocre y gris, que se equivoca en las sumas y en las restas, pero que moteja de «desactualizadas» a las propuestas que tienden a poner a país nuevamente en marcha.
Claro, es que la crisis ha calado hondo y quienes habitan este país se enfrentan cada día a más impedimentos para poder trabajar. Es que la torta se ha achicado y el gobierno está encontrando cada vez más dificultades para contar con los recursos para pagar a los banqueros. La tarea agropecuaria está prácticamente paralizada ya que no somos competitivos en ningún mercado, pero además otro elemento de la triste realidad asistimos al derrumbe de la industria (carente de competitividad y sufriendo la caída del mercado interno) que está impidiendo tener variedad de productos para ofrecer.
Cuando el presidente Batlle con tanto esmero denunció las diferencias entre los salarios de distintos sectores de la administración del Estado, alguien llegó a pensar que aquello era el primer paso para una política de justicia social. ¡Qué equivocados estaban! Todo lo dicho y publicado sobre el tema no tuvo otro objetivo que intentar demostrar que las empresas públicas tienen altos costos operativos por la incidencia de los sueldos de los trabajadores, no por sus ineficiencias, el clientelismo y las políticas inadecuadas que se llevaron adelante perjudicando en primer lugar a los consumidores-usuarios y, en segundo lugar, a esas mismas empresas y al país en su conjunto.
¿Qué plan de justicia social puede tener una persona que dice lo que afirmó sobre el impuesto a la renta a las personas físicas? Claro está, sobre esas palabras del primer mandatario, Bensión hace silencio. No maneja lo dicho por importantes economistas de las escuelas que él, en otros tiempos, admiraba, quienes sostienen que ese impuesto en un mejorador de la convivencia, aplacador de la injusticia y que consolida nada menos que las finanzas estatales, como ocurre en los EEUU y en el resto de los países desarrollados. Aquí según Batlle y Bensión– no sirve el impuesto a la renta, pero sí el impuesto al salario.
Un «disparatero» que asombra, en donde el Presidente de la República lanza improperios contra las altas tasas que cobra el Banco de la República a los créditos sociales, que él mismo, con su política, impulsó. Es igual al flamante impuesto a las importaciones (3 por ciento al barrer), cuyo efecto debería ser favorecer a los productos de la industria nacional. Sin embargo Bensión, el mentor de la medida, olvidó que la industria utiliza, obviamente, materias primas importadas, sobre las que también recae el gravamen. Podríamos seguir y quizás lo hagamos. Lo que tenemos claro es una cosa: el poder impulsa a la soberbia y esta lleva al descrédito.
Un chanta, por tener poder, no deja de ser chanta. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad