Nada menos propicio, en estas horas de expectativa económica y laboral, que los enfurruñes. Nada menos propicio, y nada más desestimulante. Ante los grandes problemas y las alternativas de solución que pueden presentarse, la objetividad debe ganar sobre las vÃsceras y los humores; la sensación de comprensión y el espÃritu de consenso deben estar presentes con evidencia inconfundible a ojos, oÃdos y capacidades ciudadanas.
Lo propio de un polÃtico que se precie de tal es reunir esas cualidades en su discurso; y lo esencial de su mensaje es que se evidencie con palabras y gestos. Que se sabe lo que estos valen, sobre todo los gestos faciales.
Vale lo expresado a propósito de la cara de furia del señor ministro de EconomÃa y Finanzas, contador Alberto Bensión, ante las cámaras de televisión cuando comentó la propuesta del Encuentro Progresista a las muy calificadas instituciones de nuestra sociedad civil.
El señor ministro no se hizo ver ni sentir como el hombre polÃtico que, además de académico, debe regir desde el Poder Ejecutivo la economÃa del paÃs. Que en definitiva es la que cosquillea en las faltriqueras de todos los ilustres ciudadanos que de aquà somos y por algo estamos.
No fue, repetimos, bronca ni ira: fue una mala representación de un rostro con mal humor intenso e incontenible.
¿Qué produjo esta reacción tan virulenta? ¿Las medidas o los destinatarios inmediatos de ellas? ¿Fue el acto mismo o fueron las propuestas que en él se hicieron?
No creemos necesitar el asesoramiento de un semiólogo para interpretar la intemperancia de las palabras, ni para darnos la correspondiente a los gestos que acompañaron a aquellas.
Nosotros, y desde estas páginas, afirmamos que más que las medidas, lo que llevó a tal punto de irritación al ministro fue la convocatoria que pudo lucir el acto. Que la oposición haya reunido a más de 25 instituciones de la sociedad es más fuerte, polÃticamente, que las medidas que anunció –sin restar importancia a éstas– pues significó el aprecio inicial por una propuesta, recogida con respeto por aquellos que representan la empresa, el trabajo y las relaciones sociales. Un logro en el progresivo acercamiento a un tipo de participación no practicado pero de absoluta necesidad.
La Escuela Elitista de la Democracia debe ceder terreno a formas realmente más participativas; a aquellas que pretendan fomentar el tránsito de una democracia de gobernados a una democracia gobernante. Con antecedentes rousseaunianos, se concibe esta forma de democracia moderna como “un proceso en el cual la medida del progreso hacia niveles más altos de democratización, es precisamente el desarrollo de mecanismos participativos que incrementen el poder de dirección y control de los gobernados sobre los gobernantes”. (J. E. Molina Vega)
Pocas dudas caben respecto a que la actitud del ministro se debe a la percepción de un avance en esa forma democrática de participación. Forma que rechina a su formación elitista y a una reacción de un tipo de poder que no quiere desprenderse de ciertas rémoras de épocas u oportunidades de facilismo casi natural; un macro mundo fácil para acomodar el propio.
Poca habilidad habÃa mostrado ya el ministro para manejarse con las nuevas formas que implica este mundo complejo y conflictuado. El elemento básico requerido es la comprensión de los otros para comprender la situación general.
Desdeñar y enfurecerse por una propuesta abierta y por la capacidad de convocatoria que esa propuesta tuvo, es la negación de una actitud polÃticamente libre, sana, consecuente y constructiva.
Y es, también, de rebote, un auto agravio al propio Poder Ejecutivo que él integra. *
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