Los partidos transitan caminos diferentes
La interpelación al ministro de Transporte y Obras Públicas así como distintas expresiones de los dirigentes políticos, junto con los planes de trabajo de cada uno, permiten examinar la situación de las tres grandes colectividades políticas.
Dos de ellas aunadas en el respaldo al gobierno, pero con algunas diferencias. La otra, desde la oposición, desarrollando su propia visión política.
En el campo del gobierno, en el Partido Colorado parecen irse afianzando definitivamente los rasgos históricos del coloradismo, absolutamente hegemónico hoy en relación con cualquier pujo de sentimientos batllistas. Paradójicamente, si se quiere, en momentos en que gobierna un heredero directo del gran fautor del batllismo contemporáneo que fue don Luis Batlle Berres.
La identificación creciente entre Estado y Partido ha hecho desaparecer toda vida interna, todo debate que involucre a las bases electorales o políticas. No hay discusión, no hay crítica; el Partido Colorado es cada vez más una compacta legión de corroboradores, de gente que apoya lo que el jefe, en este caso el Presidente, dice, y decide. Las ideas fuerza de este conglomerado uniformado son las de la disciplina, la jerarquía, la seguridad, la discreción y la obediencia debida.
El coloradismo es «pragmático», disposición ideológica que, como se ha dicho, es la filosofía espontánea de todos los que tienen el poder.
Con las palancas del poder en sus manos, el pragmático no se plantea ninguna preocupación por la «actualización ideológica» que sí mueve al debate a los otros dos partidos.
El Partido Nacional vive las turbulencias de un período crítico que no termina de cancelar. Las desavenencias creadas durante el gobierno y sobre todo después, cuando se hicieron públicos algunos procesos por corrupción que salpicaron a dirigentes de Partido, parecen haber creado heridas que no cicatrizan fácilmente.
Hecho significativo: en el desarrollo de la interpelación al ministro Cáceres no hizo uso de la palabra ningún senador nacionalista. Dada la naturaleza de la institución parlamentaria, no hablar es renunciar a publicar un pensamiento. Es poco creíble que un partido con la experiencia de gobierno como el blanco no tenga opinión en un tema de esta trascendencia. Una explicación posible es que el socio menor de la coalición de gobierno siente que está pagando un precio demasiado alto por su identificación total con el gobierno colorado, y toma la suicida decisión de amordazarse.
Al mismo tiempo, los debates internos siguen cargados de reproches por las conductas anteriores: ayer sábado, un editorial del diario El País criticó con gran dureza la reciente publicación de una biografía del Dr. Lacalle escrita por el periodista Atilio Garrido. Según el diario, que se asume como vocero nacionalista, el libro es inoportuno y apunta a reabrir inconvenientes contenciosos internos.
Otro debate áspero ha surgido a partir de expresiones del Dr. Lacalle, en el sentido del disgusto con que Wilson Ferreira habría aceptado votar la Ley de Caducidad.
El otro partido, el de la oposición progresista, prepara un congreso de actualización ideológica, distribuye con casi tres meses de anticipación los documentos que se discutirán, ha presentado un plan de emergencia que tuvo amplia acogida favorable y –sobre todo– ha llevado sus propuestas a la sede principal de la sustancia democrática: a la opinión de la gente.
Los tres partidos tienen una gran dificultad: el descreimiento ciudadano en la acción política. Dos de ellos permanecen aferrados en las poltronas del mando. El otro elabora propuestas y las lleva a discutir con la ciudadanía. ¿De quién será el futuro? *
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