Una nueva forma de practicar la política

La intolerancia como forma de pensar y de actuar no es recomendable. Puede entenderse, nunca justificarse, cuando ciertas actitudes destempladas surgen a partir de situaciones complejas como las que está pasando hoy el conjunto de la sociedad uruguaya.

Particularmente los dirigentes políticos deben dar el ejemplo, sabiendo eludir la tentación del agravio, poniendo por encima la razón y la propuesta. A un partido histórico como el Colorado, deberían corresponderle dirigentes responsables y serenos, con capacidad de diálogo y relacionamiento. Pero eso no es así o por lo menos no lo parece cuando hablan algunos dirigentes del Foro Batllista.

A muy pocas horas de la reunión de la dirigencia del Encuentro Progresista con los principales actores sociales y religiosos, donde se conversó sobre las propuestas encuentristas para atender las emergencias de la gente, el ministro Alberto Bensión, el senador Luis Hierro López y el diputado Washington Abdala salieron a descalificarlas, con gestos nerviosos y palabras poco responsables.

Es que antes no habían podido soportar que una encuesta de opinión pública reafirmaba al Encuentro Progresista como la primera fuerza política del país, a apenas seis puntos y un voto de ganar en la primera vuelta de 2005, mucho menos pudieron soportar que el progresismo hiciera una reunión de típico corte gubernamental, con la característica de una fuerza política que hace una pausa y se reúne con serenidad y espíritu abierto con los sectores del trabajo, la producción y las distintas expresiones religiosas.

Es que el Salón Rojo de la Intendencia Municipal de Montevideo fue testigo privilegiado de una nueva forma de atender los problemas del país, sin que los intereses partidarios obstaculizaran los procesos de entendimiento que la sociedad toda reclama.

Tuvo, además, la virtud de que la fuerza política, en este caso el Encuentro Progresista-Frente Amplio, fue con una propuesta elaborada y meditada, que no ocultó su objetivo principal que es cambiar la actual política económica que impulsan el doctor Jorge Batlle y su principal aliado, el doctor Luis Alberto Lacalle.

Los que llegaron hasta el Salón Rojo sabían bien a qué iban, qué se les iba a plantear, y por ello participaron con sus ideas, coincidentes en algunos casos y en otros no, con la propuesta encuentrista. Pero todos con la clara conciencia de que con la actual política económica no se puede seguir.

Otra reacción más inteligente que la de Hierro y Abdala fue la del ministro de Industria, el doctor Sergio Abreu, que en la noche del viernes llamó a todos los medios de comunicación para anunciar que el gobierno estaba dispuesto a revisar su política arancelaria, «porque no somos los hijos de la pavota», refiriéndose a las políticas proteccionistas de los socios del Mercosur.

Similar reacción fue la de cuatro senadores del Partido Nacional que lograron una reunión ultraurgente con el ministro Alberto Bensión para plantearle una serie de ajustes en la política económica.

Quizás haya que hacer más reuniones como las del Salón Rojo, para que los gobernantes blancos y colorados –ministros y legisladores– activen su imaginación y se pongan a tono con las urgencias del país.

Desde la misma forma que se está llevando adelante un diálogo a nivel de la Cámara de Diputados para instrumentar políticas sociales, sería importante que se tuviera esa misma postura para amplificar esa práctica política.

Con el mismo espíritu con que se desarrolló la reunión del pasado miércoles en la Intendencia de Montevideo, los encuentristas estamos dispuestos a transitar todos los caminos de entendimientos y de diálogo con el conjunto del sistema político para sacar al país adelante. En eso estamos. *

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