De Mont Pelerin a Monte-vi-deo
I) La sociedad de Mont Pelerin: En nota publicada en LA REPUBLICA (2/3/2000), señalábamos que a partir de la primera reunión en 1947 en Mont Pelerin, Suiza, se instrumentaron mecanismos para implantar la ideología neoliberal «globalmente».
Destaquemos, que se consideró en primer lugar como objetivo principal la extinción del Estado con las funciones que se le fueron adjudicando a lo largo de los siglos XIX y XX. Se le consideraba un obstáculo a la libre inversión y circulación de capitales y ganancias, de donde deducían que un poder estatal controlador limitaba la expansión y crecimiento del capitalismo.
Un Estado presente regulando el mercado, lo consideraban fuente de todos los totalitarismos y de la pérdida de las libertades. Otro de los objetivos fundamentales (o fundacionales) de la Sociedad de Mont Pelerin fue la destrucción de los sindicatos. A los reclamos sindicales por mejores condiciones de trabajo, por seguros sociales (de salud, de desempleo, etcétera), así como por salarios que permitiesen no sólo la reproducción de la fuerza de trabajo sino también la superación de la familia, le atribuyeron la inflación, fuente de todos los males.
La destrucción de los sindicatos la consideraron esencial y se conseguiría creando una gran masa de desempleados que pesasen a la hora de reclamar mejores condiciones laborales, en las tratativas y en las medidas gremiales.
II) La misión Eisenhower: En nota en LA REPUBLICA del 22/4/99, nos referimos a la visita realizada a la región en julio de 1953, por la misión estadounidense presidida por el hermano del presidente, doctor Milton Eisenhower.
Los editoriales de Marcha desde julio de 1953 a enero de 1954 destacan «que no es el desarrollo económico de estas regiones atrasadas, lo que preocupa (a EEUU). Es sencillamente encontrar la anhelada salida para un producto del cual hay en el mercado norteamericano ‘superpoducción': el capital».
En el análisis de los informes provenientes de Washington, señala Quijano: «La misión Eisenhower, más que a recoger puntos de vista ha venido a hacer conocer su punto de vista preexistente y aún a preparar el terreno para la aplicación práctica del mismo». Coincidente con los postulados neoliberales de Mont Pelerin, la misión Eisenhower postulaba igualmente: estados débiles, complacientes con libre circulación de capitales e intereses; incluso en su informe manifestó malestar por la presencia de una clase empresarial en ascenso en América Latina.
Los diarios de la época (El País y El Día de noviembre de 1953) destacaban el clásico coro de diplomáticos latinoamericanos de apoyo a las conclusiones de la misión Eisenhower y ellos mismos reclamaban que se diesen facilidades para esas inversiones «de capitales privados» (como subrayaba una y otra vez el jefe de la misión).
Quedaba así preparado el escenario: los empresarios, los publicistas, los medios de prensa, los académicos, y sus Premios Nobel (adecuadamente logrados mediante vínculos empresariales), difundirían la ideología con el peso del prestigio logrado y por otra parte el gobierno y diplomacia estadounidense sumarían acciones para la penetración de las débiles economías nacionales del III Mundo.
III) En el libro del contador Ricardo Lombardo (Unificación o Caos, EBO, 1992) que citamos en LA REPUBLICA del 2/3/2000, reseña las ideas en el campo de la Física y el pasaje del determinismo a la incertidumbre y a la Teoría del Caos así como los intentos de unificar la interpretación del mundo físico.
En el Capítulo 3 (El enfoque del caos), realiza transcripciones de expresiones del economista liberal F.A. von Hayek y su intento de trasladar los conceptos modernos de la Física a las Ciencias Sociales y a la Política.
En su muy interesante análisis de Hayek y sus conmilitones resalta Lombardo que «para los cultores del enfoque caótico de la Economía, desde tiempos inmemoriales, el Estado y los Sindicatos son elementos espúrios que trastocan el funcionamiento del orden natural» (página 32).
Destaca Lombardo (págs 10 y 11), el sentimiento antidemocrático de los ideólogos de la «nueva doctrina»: «Los intelectuales más leídos pregonaban porque las decisiones económicas mundiales fueran dejadas en manos de unos pocos, ‘los que saben'», y luego: «La democracia, la representación parlamentaria, el respeto por las instituciones, la ética de los hombres públicos, la solidaridad y la justicia social, estaban siendo vapuleadas por una corriente de pensadores que introducían la idea de la demarquía, la catallaxia y en definitiva la destrucción de la tolerancia».
Para reflexionar que «vuelto al Uruguay, quedé sorprendido porque en nuestro país hay muchos adictos a esta corriente del caos de lo que creía. Propuestos a terminar con el Estado en nombre de «los que saben»…
Sólo falta que la emprendan contra la democracia enarbolando la bandera de la demarquía», destaca Lombardo.
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