Mientras el FA crece caen los partidos tradicionales

Sorprendentes reacciones en el Herrerismo

n el curso de la semana pasada se dieron a conocer los resultados de un sondeo de opinión realizado acerca de las preferencias de la ciudadanía en materia de partidos políticos.

Dada la particularidad de la situación que se vive, a más de tres años de cualquier consulta electoral, y el estado de desmovilización política existente, los elementos difundidos tienen un valor muy relativo.

No obstante para algunos sectores políticos los guarismos les han venido a decir lo que el buen sentido les anticipa para los que razonan con un esfuerzo por la objetividad y evitando ser autoindulgentes.

Ambos partidos tradicionales, embarcados en una gestión de gobierno cuyos resultados buena parte de la población vive como severa fuente de aflicciones, han perdido un porcentaje de las adhesiones obtenidas en las elecciones nacionales de 1999 y las municipales de 2000.

Como contrapartida, la fuerza política que desarrolla en el país una línea de oposición progresista habría aumentado en forma significativa su caudal electoral.

A partir de esta estimación, de confirmarse los parámetros establecidos por los realizadores del sondeo, el FA-EP recibiría un apoyo del orden del 44%, el Partido Colorado de un 23% y el Partido Nacional alrededor de un 15%.

No obstante la precariedad de un sondeo de este tipo, es fácil comprender las razones por las cuales los dirigentes del Partido Nacional se encuentran preocupados.

Las primeras reacciones de la cúpula del partido se exteriorizaron en una reunión realizada el viernes 13, a propósito del lanzamiento de un libro del periodista Atilio Garrido titulado «Lacalle con alma y vida», de la que da cuenta LA REPUBLICA en su edición del sábado.

En esa reunión, el presidente del Directorio del partido, doctor Lacalle, formuló algunas críticas a la incapacidad de algunos miembros del gobierno, adelantó que tiene una serie de ideas que presentará próximamente al Presidente de la República y defendió calurosamente su gestión como presidente de la República.

El mensaje herrerista continuó luego en el programa Agenda Confidencial, donde Lacalle sostuvo que había sido perjudicado por la actuación de los jueces que instruyeron los juicios contra los funcionarios herreristas acusados de diversos delitos de corrupción.

La embestida baguala consistió, dijo, en un tratamiento desigual que los magistrados le dispensaron a los herreristas.

Según expresó Lacalle, esta discriminación la padeció también el Herrerismo por parte de la prensa y también de la televisión. El procesamiento del contador Enrique Braga también fue injusto, ya que «los bancos italianos están dispuestos a pagarle al gobierno para que termine el asunto», agregó.

La presentación del libro de Garrido dio pie para otras expresiones de exasperado disgusto. Las más llamativas son las del ministro de Educación. Después de calificar de fascista al MLN, «que secuestró, mató y robó», Antonio Mercader celebró el libro lacallista «porque rompe con la tendencia a la que asistimos de que sólo escribe la izquierda». Luego exteriorizó unos inesperados motivos de resentimiento.

El ministro –que sacrificó un destino de escritor, que en los 60 se ocupaba con interés y hasta con un poco de ternura de los tupamaros– se agravió del «dominio que hay en las librerías», donde los libros de Mujica, Rosencof o sobre Sendic se han convertido en «best sellers».

En singular valoración, el ministro prefiere a los tupamaros clandestinos y en la guerrilla mientras «el dominio» en las librerías lo ejerce Antonio Mercader.

¿No sería más atinado aceptar la lid en el campo de la pluma y competir y triunfar en el «libre juego del mercado»… librero?

A lo mejor por esa vía se puede, además, mejorar la «performance» en sus descaecidos indicadores electorales. *

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