"Si tuviera el poder les doy licencia paga a los empleados de Ancap: es bueno para el Estado que esos muchachos no trabajen"

RAUL LEGNANI

 

–El gobierno está molesto con el sector agropecuario porque dice que está haciendo grandes esfuerzos para ayudar al campo y ustedes igual se quejan. ¿Hay o no hay esfuerzos del gobierno?

–Los esfuerzos del gobierno para mejorar nuestra situación hay que evaluarlos en base a los resultados.

Cuando dice que ha hecho grandes esfuerzos y el sector agropecuario grita que está en la lona y que no da más, que la producción agropecuaria decrece, no hay duda de que ese esfuerzo no fue suficiente ni necesario.

–Pero ¿bajó los aportes patronales o no los bajó?

–Bajó aportes patronales que el sector no los pagaba porque no tenía un peso. El sector agropecuario ha sido muy pagador, pero cuando no tiene con qué pagar no paga.

Si usted agarra a un bichicome que está en la calle y va y le dice que el gobierno resolvió liberarlo del impuesto a la renta, no va a entender nada o se va a reír.

–El gobierno también corrigió el valor de la moneda, ¿eso los favorece o no?

–La corrección de la moneda que se ha hecho es muy pequeña y prácticamente no se nota.

–Severino Pereyra me decía el otro día que si no se volcaran dólares al mercado interno por medio de las tarjetas de crédito, el dolar valdría 32 pesos. ¿Puede ser?

–Si usted hace la cuentita mirando la relación peso-dólar del año 90 con la relación de hoy, el dólar estaría próximo a esa cantidad. Incluso para mantener la capacidad de competencia que teníamos en enero de 1999, cuando devaluó por primera vez el real, el dólar tendría que estar a 22 pesos.

–Hace pocos días el diputado forista Washington Abdala dijo en 1410 AM LIBRE que los dirigentes de la Federación Rural están provocando todos estos líos, todas estas protestas que se vienen, porque sólo están pensando en sus intereses personales.

También me han dicho que los dirigentes de la Federación Rural deben mucho dinero y que por eso arman todos estos líos. ¿Cuál es su punto de vista?

–Si eso es cierto, es la principal demostración de que los dirigentes de la Federación son auténticos representantes de lo que es la situación de los productores, hoy en día.

Si hasta la gente que está dirigiendo tiene un problema económico grande, quiere decir que no hay nadie que se escape. Y esto demuestra la profundidad de la crisis.

Además esa afirmación es una pequeñez para poder analizar el problema. Es muy importante que más que personalizar las cosas ver qué contenido de verdad presentan los argumentos que se expresan, para no caer en la acusación fácil, diciendo que sólo hay intereses personales.

Pero a la vez señalo que los intereses personales forman parte del interés colectivo, porque la sumatoria de los intereses personales es el interés colectivo. Nosotros defendemos los legítimos intereses del sector, porque si no defendemos nuestros intereses no le vamos a ir a pedir al diputado Abdala que nos defienda. Porque casi con seguridad que él está defendiendo intereses distintos, posiblemente muy legítimos. Pero sus intereses no son los nuestros, porque no se dedica a la actividad agropecuaria.

–Ahora, el endeudamiento que tienen los productores ¿llegó sólo por el atraso cambiario o también porque existieron actitudes irresponsables de algunos sectores del campo?

–La principal irresponsabilidad que tuvo el campo fue no darse cuenta de los defectos brutales que tenía el atraso cambiario en forma acumulativa. Y también no darnos cuenta de que la presión impositiva nos iba a ir destrozando de a poco: primero la rentabilidad, luego nos iba a cazar el endeudamiento y finalmente iba a terminar con la desaparición del capital del productor. Tuvimos que haber alertado mucho antes a los productores sobre todo esto.

Pero también digo que el desastre del sector agropecuario es inducido por el Estado, a través de políticas macroeconómicas totalmente destructivas de la actividad productiva nacional. A la vez por la voracidad de ese Estado por recaudar, por la enorme presión impositiva.

El sistema político siempre anda con la preocupación de recaudar más, más y más. Y nosotros sospechamos que lo hace no porque quieran realmente trabajar por el bienestar del país, sino que pensamos que están buscando mejorar sus posición electoral.

Nosotros desconfiamos de que acá hay una epidemia de electoralitis en nuestro sistema político, que evita que los políticos no puedan pensar en nada más que en el próximo acto eleccionario y no puedan decidir nada ni pensar sobre nada, sin plantearse cuántos votos ganan y cuántos votos pierden. Y eso les provoca una deformación para analizar la realidad y les impide ver las cosas desde el interés nacional, desde el interés legítimo del país. Para los políticos no hay nada más importante que los intereses de su partido, de su sector o de su aspiración personal: ocupar una banca o un puesto administrativo en el Estado.

Nosotros tenemos una terrible desconfianza de que esa enfermedad haya llegado a niveles destructivos. Y esto lo digo porque la primera tendencia a pensar es que cuando se tiene déficit, se sale a buscar un impuesto para poner. El político nunca piensa en cómo va a hacer para bajar el gasto y tener un presupuesto equilibrado. Acá la regla es gastar más de lo que entra. Y nada de tener superávit, porque eso es pecado mortal. Además siempre piensan en la caja política, en la caja estatal. ¿Piensan cómo anda la situación de caja de cada uno de los ciudadanos o cómo anda la situación de caja de las empresas productoras de bienes y servicios, que crean la riqueza nacional y que son la fuente de trabajo? Hoy, en vez de existir la actividad política para beneficiar a los ciudadanos, la finalidad última pasa a ser el partido o el sector o el diputado «Don» o el senador «Don». Y esto es una enfermedad que debe ser vigilada por los propios integrantes del sistema, que tienen que decir: «Muchachos, ¿es posible mantener una campaña electoral permanente?».

Nostros, los de la Federación Rural, pensamos que tenemos que ir a hablarle al político que votamos y decirle: «Mirá hermano que te votamos porque confiamos en vos para que nos mantengas a flote y no para que se mantegan a flote vos y el Estado, mantené a flote a los ciudadanos y a las empresas». Vamos a no exagerar con el estatismo, porque si no vamos a estatizar todo y que nos paguen el sueldo ellos y no nos preocupamos más: que el único empresario sea el Estado y chau. Si son capaces de asegurar rentabilidad para todos, ¡fantástico! Nos subimos… (se ríe).

–Distintos sectores del trabajo dicen que hay que reducir el costo país, que el Estado es demasiado grande. Pero uno tiene la impresión de que cada grupo piensa sólo de su propio sector. Usted critica a los políticos, ahora yo lo voy a criticar a usted…

–Sí, sí.

–Digo que el agro sólo se preocupa del agro, que la Cámara de Industrias sólo se preocupa de la industria, que los trabajadores sólo de los trabajadores, pero nadie presenta un proyecto global. Ustedes dicen que hay que reducir el costo país, el costo del Estado, pero ¿qué va a hacer con los funcionarios del Estado?

–Es que el Estado se maneja, al igual que nosotros, con ingresos que obtiene y que después gasta. Pregunto: ¿usted puede gastar indefinidamente el doble de lo que gana?

Una sociedad tiene que ser profundamente solidaria, pero cuando se hace un proyecto global hay que gastar lo posible y hacer la distribución más correcta de los recursos nacionales.

Además tenemos pocos recursos, ¿los vamos a gastar e
n puro consumo o lo tendremos que repartir equitativamente entre lo que es consumo y producción? La ciencia de los gobernantes es lograr ese equilibrio, desarrollando la producción y distribuyendo la riqueza que se genera, con la mayor justicia posible. Pero sin cortarle al país las posibilidades de seguir creciendo. Si hoy el gobierno vende todo y divide entre tres millones el resultado de las ventas, a la vez se retira el Estado, caemos en una situación caótica.

–¿En qué sector del Estado se debe gastar menos?

–Si Ancap puede ahorrar 50 millones de dólares no produciendo combustible y si yo tuviera el poder en este país, les doy licencia paga a todos los empleados de Ancap. Es conveniente para el Estado que los muchachos esos no trabajen. ¡Que disfruten la vida, traemos el combustible importado y le bajamos los costos a la economía! Con lo que ahorramos ahí, nos da para pagarles los sueldos a todos ellos y nos sobra plata.

–Esa es una propuesta…

–Simultáneamente impulsemos nuevas actividades productivas que puedan ir absorbiendo esa masa de trabajo que va quedando disponible y sin usar. No quiero crear una gran masa de jubilados y subsidiados, pero hay una gran masa de empleados que si no fueran a trabajar el Estado ahorraría en luz, teléfono y en alfombras de los despachos que tienen. Esto es nada más que la aplicación del sentido común, no es macroeconomía ni economía.

–También el Estado necesita recursos para cubrir determinados servicios. ¿En qué otro lugar del Estado hay que reducir los gastos?

–En todos, en todos. ¿Por qué no se tercerizan muchos servicios cuando esto se hace en el mundo? ¿Por qué no potenciar el trabajo de la ciudadanía? ¿Por qué no fortalecer la sociedad civil que es tan débil ante este Estado todopoderoso que tenemos en Uruguay? Yo sería estatizador si este Estado fuera eficiente, pero veo que cada día nos lleva más para atrás. Porque aquí en Uruguay estamos jugando a los cangrejos.

–¿También hay que reducir gastos en las Fuerzas Armadas?

–Por supuesto… en todos lados. Nadie puede vivir por encima de sus posibilidades. Hay que recortar los gastos sin prejuicios, porque nadie puede dar lo que no tiene: no podemos gastar lo que no tenemos. ¡Tengamos un poquito de sentido común!

–Eso fue lo que dijo Cavallo en Argentina…

–Seguro, seguro. ¿Quién puede gastar lo que no tiene? Es que el Estado está manejado por políticos, es una máquina de los políticos. Ellos son los que ocupan los puestos del Estado y jamás van a pagar por los desastres que hagan y tampoco van a pagar si endeudan al Estado. Pero ellos cobran todos los meses, tienen licencia anual, van a tener buena jubilación. Por eso hay tanta gente que quiere ser político, porque la política es un negocio muy rentable.

¿Usted vio que es muy difícil ver políticos mal vestidos? ¿Usted no ha visto cómo visten los políticos en este país? Yo estoy asombrado: usted los ve y parecen modelos, están para ir a cualquier pasarela. Al pueblo se le ve cada vez más modesto y a los políticos cada vez más resplandecientes. ¿No vio en los autos que andan? Los políticos no andan en bicicleta, salvo el Pepe Mujica que anda en la motoneta, pero los demás… Muchachos, más humildad, somos un pequeño país, somos 3 millones 600 mil habitantes y la estamos pasando mal. ¡Vamos a aflojar un poco!

–Los que no aflojan son ustedes, que van a una movilización el próximo 18 de julio…

–No vamos a la movilización con un espíritu destructivo, vamos a hablarle al sentido común de nuestros conciudadanos. No salimos a pedir que les saquen a todos los demás para que nos den a nosotros. Lo único que queremos es vivir y que puedan vivir todos. *

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