Cabezas bloqueadas y cabezas que piensan
Con cierta regularidad el matutino El País la emprende contra las fuerzas políticas progresistas.
Los argumentos distan mucho de ser originales. La mayor parte de ellos son frases presuntamente ingeniosas que ya llevan más de treinta años «trabajando», como por ejemplo que el Frente Amplio es una «colcha de retazos» o que sus dirigentes incitan a los jóvenes a la violencia, como el diario eternamente oficialista ha venido sosteniendo, deformando para ello expresiones del senador Rodolfo Nin Novoa.
La repetición de adjetivos agraviantes contra la izquierda y las fuerzas progresistas, que apuntan a desconocer y descalificar la presencia de una corriente importante en la vida del país se hace desde una posición de incomprensible arrogancia. Por momentos parecería que quienes así escarnecen fueran animadores de un quehacer político exitoso, con gran respaldo cívico y consolidadas conquistas para la felicidad de la población.
Sabemos que no es así. Se sabe que los operadores políticos ligados a esa tribuna han tenido reveses importantes en la hora del quinquenal escrutinio y que las acciones políticas del gobierno que respaldan no se puede afirmar que hayan conducido al país a circunstancias jubilosas.
Contrastando con las mentalidades jurásicas que se expresan a través de las páginas de El País, el líder de Alianza Nacional, el senador Jorge Larrañaga, revela otra percepción de la realidad del país y de su partido.
El ex intendente de Paysandú empieza por asumir una actitud de realismo y de humildad frente a los datos de la realidad social y política. Cuando reconoce que el Partido Nacional tiene dificultades para influir en el curso de los acontecimientos nacionales lo dice con absoluta claridad: «Hoy (los blancos) no somos interlocutores válidos de casi ningún sector social, económico o cultural de la vida del país, (…) nos separamos de la realidad de nuestra república», sostiene en el documento que presentó en el Directorio del Partido en el marco de su proceso específico de «actualización ideológica».
El aporte del senador Larrañaga, del mismo modo que hace algunas semanas lo hizo el Dr. Juan Andrés Ramírez, permite atisbar la hondura del estremecimiento que la situación actual del Partido Nacional ha provocado en algunas de sus figuras más señeras.
A través de un lenguaje directo y descarnado, Larrañaga invita a examinar con profundidad la crisis del partido: «Para la opinión pública lo que hemos hecho es llevar adelante una puja interna con ribetes insólitos, luchando por ‘chacritas’ de poder que sólo importan a unos pocos (…)»
El senador Larrañaga –se concuerde o no con él– es un dirigente político con implantación real en la sociedad uruguaya. Conoce la realidad del país y su diagnóstico tiene muchos puntos en común con los que a menudo se realizan desde estas páginas. Indudablemente sus puntos de vista, como en su momento los de Juan Andrés Ramírez, podrán encontrar, o no, eco en las instancias internas de la discusión de su partido.
En donde estas expresiones no parecen encontrar ninguna hospitalidad es en el diario «nacionalista» mencionado.
El dirigente sanducero ve a su partido «maneado» y en situación de rehén del Partido Colorado. Y describe con desaprobación la situación social del país a la que ha llevado este gobierno: desocupación, falta de recursos para la salud y la educación, desintegración de la familia; y le preocupa la ausencia de soluciones para los problemas del hombre y la familia rural.
Los aportes del senador Larrañaga nos muestran una actitud de apertura, de reflexión y de sinceridad frente a los problemas del país. La suya se distingue vivamente de la actitud de anquilosamiento conformista que ha ganado a amplios sectores de su partido.*
Compartí tu opinión con toda la comunidad