¡Araca la cana!

Escribe Gabriel Mazzarovich

El viernes leí sorprendido una columna en Posdata de Juan Francisco Faig Garicoits quien, según consta al pie, es «Diplomado en Estudios Avanzados en Ciencia Política en París»; se titula «Carnaval Antiliberal».

En la citada nota, Faig Garicoits la emprende con las murgas y señala que sus «sátiras confunden muchas veces la crítica mordaz e inteligente con el discurso embrutecedor y antiliberal en lo político que vehiculiza la visión simplista de un Uruguay maniqueo».

«La figura del compañero Tabaré» -agrega- «pasa a ser en algunos casos comparable a aquellas figuras de los próceres históricos cuyas acciones siempre tendían al Bien y nunca al Mal, y que jamás de los jamases engañaban a sus mujeres, por ejemplo. Julita es muy pituca, Sanguinetti es muy maquiavélico, pero compañero-Tabaré, es la esencia de lo que el pueblo quiere. Ese pueblo en realidad no es el que se manifestó en favor de Jorge Batlle, en noviembre».

Califica al discurso murguista de «profundamente antiliberal» y señala además que «este discurso carnavalero vehiculiza una intolerancia que no caracteriza al Uruguay político, y que fue la misma que terminó en el golpe de Estado de 1973″.

Finalmente Faig Garicoits dice con alivio: «Queda un dato conmovedor y fundamental que alienta la esperanza de la construcción de un Uruguay tolerante en cuyo espacio público se definan rivales y no enemigos: estos tablados con estos carnavales están en crisis».

Con mi elemental dominio del francés, busqué en Internet, en los programas de las maestrías de Política en las Universidades francesas y no encontré ninguna bolilla sobre «Murgas y liberalismo», pero la investigación no fue rigurosa, puedo estar cometiendo una injusticia.

Sin embargo las afirmaciones precedentes parecen demasiado.

Exigirle al carnaval que sea liberal, es un chiste fenomenal, afirmar que las críticas de las murgas son sólo para un lado es conocer bastante poco, pero decir que la intolerancia reflejada en el discurso carnavalero terminó en el golpe de Estado de 1973, bueno hombre, c´est le comble.

Para empezar las murgas fueron uno de los referentes básicos de la lucha por la democracia y lo que no toleraron fueron las violaciones a los derechos humanos y los negociados de la dictadura.

A fuer de sinceros el golpe de Estado fue apoyado por connotados liberales y se nutrió de funcionarios económicos y políticos de la más pura cepa liberal.

Es cierto que las murgas concentran sus críticas tradicionalmente en el gobierno de turno y más en general en el círculo de poder, ese permanente, no de turno.

Lo que omite decir, quizás no lo sepa, Faig Garicoits, es que siempre hubo también murgas oficialistas, incluso durante la dictadura. Recuerdo una experiencia personal vivida a principios de la década del 80, todavía en dictadura, con una murga que actuó en un club de la muy liberal zona de Pocitos y que luego de defender al «proceso cívico militar» fue despedida con una cerrada silbatina.

Difícilmente se encuentren críticas más ácidas y duras que las que realizaron a la izquierda Araca la Cana y en algunos momentos Falta y Resto. Eso también es un dato objetivo.

En mi opinión Faig Garicoits, le erra fiero, también, cuando acusa a los murguistas de no reconocer al pueblo al que le están cantando y les recuerda: «el pueblo eligió a Batlle».

El problema es que si bien, y por suerte, el carnaval se ha ido transformando en una realidad nacional, las murgas tradicionales y a las que critica el columnista de Posdata, son básicamente de Montevideo. Son, además, de barrios muy concretos de Montevideo: La Teja, Belvedere, el Cerro, Sayago.

Si se analiza la votación de Montevideo y de esos barrios concretos, tanto en octubre como en noviembre, la afirmación de Faig Garicoits queda un poco relativizada, sin quitarle por ello un gramo de legitimidad a la elección de Batlle.

Por otra parte y volviendo a lo que desde mi punto de vista es el quid de la cuestión sería muy interesante preguntarse algunas cosas sobre la exigencia de liberalismo al carnaval y a las murgas.

¿No será más preocupante el flechamiento cuasi absoluto de la televisión y la gran prensa a favor de un solo sector político, el del poder? ¿Eso entra dentro de la tradición liberal?

¿La situación del carnaval no tendrá más relación con la brutal crisis y desocupación que golpea a los barrios obreros de donde tradicionalmente se nutre esta entrañable expresión de la cultura popular?

¿Es que acaso la construcción del Uruguay del futuro se debe realizar mutilando las aristas críticas de las expresiones populares y apostando a una cultura ultralight?

¿Será más liberal y saludable que nuestros gurises se críen con la cultura Tinelli y otros enlatados?

Bueno, da para mucho más, pero se me terminó el tiempo, ya se calentó el agua para el mate, (¿será liberal?), y me voy para el tablado a ver a «Los Diablos» que me dijeron que este año tienen un cuplé buenísimo.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje