Inventar la rueda
Carlos Bouzas
Uno de los sonsonetes más frecuentes que debemos soportar, cuando intentan explicarnos por qué no hay trabajo, por qué seguimos en la pendiente, por qué la recuperación se debe esperar para el próximo semestre (siempre el próximo), refiere al «costo país».
Por «costo país» debemos entender el conjunto de gastos que afronta una empresa por el simple hecho de estar en Uruguay. Al parecer, según nos explican, el costo uruguayo es enorme y muy superior al de la mayoría de los países del mundo. Y nosotros debemos aceptar ese axioma, sin que nadie nos muestre la puntilla de un cuadro comparativo, aunque más no fuera.
Puestos entonces al achique del «costo país», nuestros gobernantes se aplican a la necesaria reestructura del Estado, que ha llegado a tomar tal magnitud que hace imposible –según nos explican– que seamos competitivos para vender en el exterior.
Siguiendo la lógica, entonces, han puesto manos a la obra, tijera en mano, para recortar el tamaño del Estado a como dé lugar. Y tanto sirve vender parte de Ancel, cerrar y dejar venir abajo el ferrocarril, regalar Pluna, privatizar carreteras, como cerrar oficinas de contralor, o reducirlas a su mínima expresión, como recortar gastos del Ministerio del Interior, aunque no puedan salir los patrulleros a la calle.
Los primeros ejemplos son privatizaciones. Pero, teniendo en cuenta que la palabreja tiene mala prensa en Uruguay, (sobre todo si recordamos el plebiscito de 1992, o miramos las consecuencias que han traído del otro lado del charco) nuestros gobernantes prefieren llamarlas de otra manera.
Por eso hablan de asociación con inversores privados, empresas de economía mixta, o arrendamiento de infraestructuras. Pero, créame, son privatizaciones.
A las segundas, las denominan desregularizaciones; es decir, eliminar reglas. Parten de la base de que se trata de disposiciones ridículas, innecesarias, superabundantes, retardatarias, a las que, el mercado, con su sabiduría inmensa, podrá corregir y sustituir automáticamente. Por ejemplo: la falta de policías en la vía pública, puede sustituirse con guardias privadas.
En este último asunto de las desregularizaciones, nosotros estamos en los comienzos. Algunos países nos han sacado varios cuerpos de ventaja metiendo tijera a diestra y siniestra con el resultado de grandes eliminaciones de carga burocrática. Australia es uno de ellos.
Y aquí es donde entro en el asunto del título.
Resulta que un abogado de Melbourne se dio el lujo de registrar en la oficina de marcas y patentes desregularizada de su ciudad, un «mecanismo circular para facilitar el transporte». Y el solitario empleado de la oficina, le ha dado ingreso al invento, poniendo un rubicundo sello en el escrito presentado. Sin reparar, claro –porque él no está para eso– que la rueda ya ha sido inventada hace algún tiempo.
¡Si habrá que poner cuidado, para evitar que los elefantes entren en el bazar! *
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