Cuando la Iglesia no teme las culpas
Una noticia destinada a conmover al mundo cristiano se difundió ayer a partir de una conferencia de prensa realizada en el Vaticano. En la mismas, las autoridades de la Iglesia anunciaron algunas de las características que asumirá la celebración, el próximo domingo, del Jubileo 2000.
En la ceremonia, destinada a lograr la «purificación de la memoria», el Papa Juan Pablo II «confesará a Dios los pecados, ya que él es el único que puede perdonarlos, pero lo hará ante los hombres a los cuales no se puede esconder la responsabilidad de los cristianos»
El reconocimiento público de los errores o pecados de la Iglesia y los cristianos es de una particular actualidad en todos los países donde hay se debate sobre temas del pasado.
Como se recordará, más de una vez se han intentado alguna especie de singular autocrítica, amparada por el secreto.
Las autoridades, a quienes resulta difícil de reputar como de extremistas de izquierda, resentidos aferrados al pasado o inexpertos en cuestiones de esta naturaleza definen la acción litúrgica del próximo domingo como un servicio a la verdad en la medida que, expresan, la Iglesia no tiene miedo de medirse con las culpas de los cristianos cuando se da cuenta de sus errores.
El documento que presidirá la ceremonia del Jubileo 2000 ha sido preparado por 30 teólogos de todo el mundo y ha sido objeto de una elaboración paciente que ha insumido varios años.
De los pocos elementos que ha adelantado la prensa romana sobre el contenido del documento eclesiástico se pueden anotar siete grandes campos de reconocimiento de errores.
Significativamente el primer reconocimiento atañe a los pecados cometidos por la Iglesia en el «servicio de la verdad».
En segundo lugar se señala los pecados que han comprometido la unidad de los cristianos: las excomuniones, las persecuciones religiosas. Dentro de este punto los errores cometidos con relación al pueblo judío adquieren gran elocuencia: «la hostilidad y la mala fe de numerosos cristianos hacia los hebreos en el curso de los siglos son hechos históricos dolorosos (…)
El Holocausto fue por cierto el fruto de una ideología pagana, la nazi, animada de un antisemitismo sin piedad, que no sólo despreciaba la fe sino que negaba la dignidad del pueblo judío y culmina afirmando «hay que preguntarse si la persecución nazi de los judíos no fue facilitada por los prejuicios antihebreos presentes en los espíritus y en los corazones de algunos cristianos.»
En tercer lugar, el documento señala los pecados de la Iglesia contra la paz, los derechos de los pueblos y el respeto de otras culturas, retomando las expresiones pontificias de «reconocimiento de culpa por los enormes sacrificios de las poblaciones indígenas de América en la época de la conquista y la colonización.»
En cuarto lugar el documento incluso el reconocimiento de los pecados contra las mujeres.
Finalmente el documento papal señala la importancia de los «pecados contra la justicia social, contra «los últimos»: injusticias sociales y económicas, marginación social contra los más pobres y débiles».
En el curso de la historia, había dicho en Papa en 1985, «hombres pertenecientes a naciones cristianas no siempre se comportaron inspirándose en el Buen Samaritano.»
Finalmente, para nosotros americanos del sur, tiene particular importancia el examen de conciencia de las autoridades eclesiásticas acerca de la actitud de las iglesias locales ante los regímenes dictatoriales que ahora se replantea en ocasión de esta singular y promisoria celebración del Jubileo.
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