NEUROCIENCIA

Influencia de las emociones en la toma de decisiones

Está ya aceptado por la neurociencia que las zonas del cerebro de la racionalidad no pueden funcionar aisladas de las zonas de regulación biológica-emocional.

Los dos sistemas, el racional y el emocional, se comunican e influyen de forma conjunta en la conducta y en el comportamiento de las personas. Sabemos también, y esto es un cambio de paradigma, que el sistema emocional es la primera fuerza que actúa sobre los procesos mentales, por lo tanto determina el rumbo de las decisiones que tomamos. En la actualidad, se considera que las emociones constituyen la base neural de las decisiones y que la conducta humana está bastante alejada de la pura racionalidad debido a que siempre subyace un conjunto de motivos emocionales predominantemente no conscientes. No decidimos racionalmente sino que racionalizamos nuestras decisiones. La emoción es la función más utilizada de la mente, sin emociones habría grandes dificultades para que las personas pudieran desempeñarse eficazmente en todos los ámbitos de la vida, incluso el laboral. Antonio Damasio (El error de Descarte, 1999) descubrió que ante determinados daños cerebrales que desconectaban a los individuos de sus emociones, las decisiones que tomaban eran «desastrosas» para ellos mismos aún cuando no habían disminuido su cociente intelectual ni sus habilidades cognitivas

Hasta hace poco tiempo era muy difícil examinar los mecanismos mentales que determinan la visión del mundo y el comportamiento de las personas en las organizaciones. En la actualidad, uno de los mayores retos de la gestión moderna de empresas es indagar la forma en que interactúan los procesos cerebrales conscientes y no conscientes en la toma de decisiones, los intereses, las motivaciones, el comportamiento y el nivel de desempeño de las personas que forman parte de una organización. Y esto tiene mucho que ver, por ejemplo, con el liderazgo

En términos del funcionamiento del cerebro, los descubrimientos recientes han puesto en jaque la idea predominante sobre el liderazgo. Hoy se considera que los verdaderos líderes se distinguen tanto por el dominio en el campo de su especialidad como por su sensibilidad para comprender sus propias emociones y las ajenas, y sabemos que los líderes siempre han cumplido una función emocional

Análogamente creemos que el líder que actúa en el ámbito de una organización también debe ser la persona que mejor sepa capitalizar las ideas, comprender los sentimientos y encausar las emociones de los miembros de un equipo de trabajo

Los test clásicos que miden la inteligencia hoy lo sabemos son, cuanto menos, insuficientes.

Los test psicométricos solamente incluyen inteligencia lingüística, lógica y algunos aspecto de inteligencia espacial. Esto explica por qué muchas personas que han salido muy bien paradas en las evaluaciones de selección de personal clásicas, por ejemplo, han fracasado en su vida profesional. Hoy se están imponiendo modelos que evalúan variables que enfatizan en los aspectos creativos y emocionales, como así también en el potencial de los individuos para crear relaciones armoniosas consigo mismo, con su entorno y con los demás.

Además de ampliar la comprensión sobre el conocimiento del cerebro y la naturaleza de la inteligencia, las neurociencias revelan, día a día, conocimientos sorprendentes sobre nuestro potencial como seres humanos

Si logramos reconocer esa extraordinaria capacidad, que como humanos nos abarca prácticamente a todos, estaremos dando un gran paso hacia el desarrollo de pensamientos, emociones, relaciones y comportamientos más creativos, en beneficio de las personas, las organizaciones y la sociedad, es decir para beneficio de todos.

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