Un necesario encuentro entre neurociencia y pedagogía

Todos estamos diseñados para aprender, sin embargo me atrevería a decir que en cuanto a saber, somos una caricatura de lo que podríamos llegar a ser. Un hecho que confirma esto es el alto índice de fracaso escolar y los alarmantes datos sobre la enseñanza en Uruguay

Alumnos aburridos, maestros frustrados, malos resultados académicos dan la impresión que a pesar de la vocación y el esfuerzo de los educadores el sistema no funciona. Me pregunto si no llegó ya el momento de cambiar de paradigmas en la enseñanza y el aprendizaje.

La década del 90 fue la década del cerebro. Gracias a los avances en tomografías, scaner y otras tecnologías de imagen hoy es posible ver en tiempo real y de manera no invasiva el funcionamiento de un cerebro vivo; antes solo se podía estudiar el cerebro de una persona muerta, con todas las limitaciones que ello implicaba.

Hoy estamos en la década del comportamiento y en ella ha irrumpido con fuerza la neurociencia para investigar, comprender, y mejorar el rendimiento de personas y organizaciones

Me atrevo a decir que la neurociencia es hoy para el aprendizaje tan importante como la fisiología para el deporte

Los maestros, cual entrenadores deben mantener en forma el cerebro de sus alumnos; el gimnasio donde entrenar es la escuela

Algunos neurobiólogos dicen que quien no entiende el cerebro no tiene ni idea de qué métodos hay que utilizar para que los niños aprendan mejor, y sostienen que los docentes necesitan aumentar sus conocimientos neurobiológicos para desempeñar mejor su tarea. La Organización para la Colaboración Económica y el Desarrollo (OCED) considera que la neurociencia puede prestar un importante servicio a la pedagogía y con ese fin se apresta a promover la colaboración entre ambas ciencias

Hace 20 años Gerhard Preiss, especialista en didáctica de las matemáticas dio nombre a una nueva disciplina: la neurodidáctica. La idea clave de la neurodidáctica es la convicción de una íntima relación entre la plasticidad del cerebro y la capacidad de aprendizaje. Esta idea clave se puede aplicar en todos los ámbitos de aprendizaje; en la empresa, en las organizaciones, en las instituciones en general y por supuesto en el ámbito más importante por su proyección, que es la escuela

Hay cinco pilares fundamentales en el neuroaprendizaje:

El primero dice que aprender debe ser divertido ya que todo aquello que produce placer al ser aprendido supone un refuerzo para el conocimiento; el segundo sostiene que se puede aprender casi espontáneamente cuando se logra desprenderse de modelos mentales y creencias inhibidoras; el tercero demuestra que en edades adultas el aprendizaje genera nuevas sinapsis cerebrales mejorando la capacidad de la atención, la memoria y la concentración; el cuarto afirma que al ser también un proceso emocional, el aprendizaje equilibra la relación entre emociones y razonamiento; el quinto considera que ambientes ricos en estímulos sensoriales son reforzadores ya que se retienen con más facilidad las informaciones que llegan por varios canales sensoriales.

Las premisas y procesos para un aprendizaje exitoso desde la neurociencia son las mismas ya se trate de un aprendizaje natural como hablar y caminar o un aprendizaje escolar. Hoy por hoy es evidente que las estructuras y procesos habituales del aprendizaje escolar y las formas aplicadas para el logro y valoración de buenos rendimientos contradicen planteamientos básicos de la neurociencia. Creo que neurociencia y pedagogía deben trabajar conjuntamente, solo a través de la colaboración entre pedagogía y neurociencia podremos optimizar los resultados, mejorar la calidad de vida y seguir descifrando los misterios del aprendizaje para beneficio de los ciudadanos y la sociedad, es decir para el bien de todos.

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