Seguridad social: ¿otra vez chivo expiatorio?

1. No vamos a ir contra la corriente. Casi todo el espectro político uruguayo ha manifestado tener cierta expectativa de futuro ante el nuevo gobierno. Personalmente no la tenemos. Pero no echaremos leña al fuego. El paso del tiempo se encargará de demostrar quién tiene la razón.

Estamos dispuestos totalmente a acompañar cuanta medida entendamos positiva para el país. Que quede claro.

Las primeras que se anuncian no me llevan a tener mucha fe que digamos. Y que no se confunda : que no se nos haga aparecer como que no nos importa la crisis por la que atraviesa el sector productivo nacional, el agro en particular. Todo lo contrario.

2. Respecto de la seguridad social se persiste en una vieja estrategia, que por repetida ha devenido en un chiste de mal gusto: descargar sobre la seguridad social todas las ineficiencias de las diversas actividades del país, de las que no es ella obviamente la responsable, no al menos en forma exclusiva, sino que más bien lo son las políticas que se han llevado adelante por nuestros sesudos economistas del «statu quo», que se han adueñado durante los últimos decenios de la política en detrimento de los políticos.

A ello se agrega el doble discurso del establishment. Por un lado, se nos dice que es muy gravoso el déficit de la seguridad social, (como un» cáncer» y un «lastre» llegaron a calificar a la misma un ex presidente y su aristocrático ministro de Economía) y, por otro, cada día que pasa se le desfinancia más a través de diversas medidas.

3. Veamos. Se anuncia según la prensa que se propone confirmar y prorrogar lo que ya había sido resuelto por decreto en agosto/99: la rebaja y las exoneraciones de los aportes patronales del agro en un 23.8%.

Pero hay más. Se facultaría al Poder Ejecutivo a implementar la reducción del monto de los aportes en un porcentaje que podría llegar al 50%.

Ello significaría, en caso de ser así, a una reducción de los ingresos del BPS de unos seis millones de dólares anuales aproximadamente (23.8%) o doce millones de dólares (U$12.000.000) si aplica el Poder Ejecutivo la facultad que se le concede.

4. Un repaso a los sucedido en los últimos años es por demás ilustrativo. Corría el mes de enero de 1995. Eran los últimos días del gobierno del doctor Lacalle. Se aprueban dos decretos, como tantos otros, viciados de ilegalidad, que declaraban exentas de tributación a la seguridad social hasta un 20% del salario, a las partidas de alimentación y cobertura médica u odontológica de los trabajadores y familiares.

Nueve meses después, ya el doctor Sanguinetti como presidente, se sanciona la nueva Ley de Seguridad Social, cuyo artículo 167 ratifica, legalizándolos, ambos decretos.

¿Resultados? Un cálculo aproximado nos dice que, tomando el salario promedio que cotiza al BPS, podemos concluir que serían unos 8 millones de dólares anuales; sí, U$ 8.000.000, lo que ha dejado de percibir el organismo previsional por tal concepto, según lo manifestado por el diario El País en cuanto a que son 40.000 los trabajadores provenientes de 900 empresas los que están en esa situación.

40.000 trabajadores, lo cual significa que, en el futuro, 40.000 uruguayos cuando se vayan a jubilar, no tendrán incluidas en sus jubilaciones esas partidas ya que no se computan al estar exentas de tributación. Y habrá que ir a llorar al cuartito. Y no lo decimos despectivamente. Simplemente se nos dirá, por algún que otro burócrata: son las reglas de juego, así aceptadas en el pasado.

5. Los primeros pasos del segundo gobierno del doctor Sanguinetti, el 25/4/95, tuvieron como eje central la ley 16.619, recordada como el «fiscalazo». Una de sus disposiciones sancionaba la rebaja hasta 6 puntos, esto es, el 50%, de los aportes patronales a la industria manufacturera. ¿Resultados? Según datos del año 1998, el BPS dejó de percibir anualmente cuarenta millones de dólares; sí, U$ 40.000.000.

¿Consecuencias para los trabajadores? El trabajo en la industria decreció.

Ahora se anuncia la consolidación de esa rebaja, facultándose al Poder Ejecutivo a reducirlos definitiva o transitoriamente ¡según las posibilidades del erario!

6. Sigamos sacándole punta al lápiz. En setiembre de 1995 se sanciona la ley conocida como de las AFAPs. Su artículo 178 posibilitó y posibilita la transformación, de un plumazo, de trabajadores en empresas unipersonales, por más que en la realidad siguen siendo tan trabajadores como antes. Negocio redondo para los empleadores que dejan de aportar al BPS de la noche a la mañana. ¿Resultados? Que el BPS recibirá menos aportes por cotizante, ya que la empresa unipersonal cotiza un 50% menos que lo que debería aportar si fuera un trabajador.

Para los trabajadores, significó la pérdida de derechos laborales y de seguridad social.

7. Otro buen ejemplo de futura desfinanciación del BPS a través de Disse es el reciente seguro parcial de los médicos de seis mutualistas, que significa la salida del BPS de los mejores salarios y por tanto de los mejores aportes. Contradictorio, además, ya que el ente previsional es el principal sostén del mutualismo uruguayo, por tanto, de todas sus fuentes de trabajo.

Por último, la perla que adorna y cotiza al máximo el collar: la instalación de las sociedades anónimas de máximo lucro, tristemente conocidas como AFAPs, le han ocasionado al BPS tener que transferirle a las mismas unos 650.000.000 de dólares aproximadamente a la fecha.

No en vano se han solicitado préstamos al Banco Interamericano de Desarrollo y al Banco Mundial por una cantidad de doscientos cincuenta millones de dólares (U$250.000.000) que pagamos todos lo uruguayos.

Sume el lector todas las cifras referidas que contribuyen al desfinanciamiento del BPS. ¿Cuántas jubilaciones, asignaciones y subsidios significan?

8. Tenemos muy claro que el doctor Batlle y sus socios de gobierno, y otros no tan socios, son decididos entusiastas de las rebaja de aportes patronales. También de la ley previsional, por lo tanto de las AFAPs, de las empresas unipersonales y de las retribuciones en especie a través de tiques de alimentación exoneradas de tributación, etcétera.

De ahí nuestro escepcticismo. No existe una nueva política. Se persiste, creemos, en exoneraciones al barrer, sin mucha planificación ni futuro. Todo lo cual forma parte de un ya histórico doble discurso: el BPS es deficitario se dice, pero cada día y otro también se le sacan recursos.

Doble discurso en el que no queremos incluir al doctor Batlle, no sea cosa que se nos acuse de destructivos. Pero ello no nos impide expresar que somos escépticos. Los primeros trascendidos nos inducen a ello.

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