La ética en el manejo de la información pública

Es imprescindible que a la hora de informar a la población sobre los resultados económicos por parte de los responsables políticos de la conducción económica se den tres condiciones:

* precisión en la información

* rapidez en su publicación

* transparencia

En función de ello, quiero referirme a un episodio reciente vinculado a las informaciones que, sobre la situación económica del país, dio o no dio el ministro de Economía de ese momento, economista Luis Mosca.

En noviembre ya habían sido procesados los datos referentes a la Encuesta Industrial del Instituto Nacional de Estadística (INE) con la solvencia técnica característica de nuestros profesionales. Preocupados por la tardanza de los datos, periodistas de la sección Economía de LA REPUBLICA se informaron ante el INE, quien respondió que los datos estaban en la dirección. Días después de las elecciones se publican los datos y ¡oh casualidad¡, el volumen físico de la industria manufacturera había caído en 15%, cifra que seguramente hubiera tenido un fuerte impacto en la campaña. Se podrá decirnos que esto es subjetivo y que el argumento fue la necesidad de procesar mejor la información. Sin embargo pido que nos dejen el derecho a la duda.

Y sobre todo el derecho de la duda se abre paso sin analizamos el segundo de los fenómenos que queríamos comentar: el del déficit de las cuentas públicas. Por las tendencias económicas que preveíamos y por informaciones que habíamos obtenido, estimábamos los primeros días de noviembre que el resultado fiscal se le había ido de las manos al gobierno, que el objetivo de un déficit del orden del 1,8 % del PBI (unos 360 millones de dólares) era incumplible y que seguramente el déficit iba a estar cerca de los 700 millones de dólares, es decir en torno al 3,5 % del PBI. Lo dijimos en una conferencia de prensa advirtiendo a la población sobre un posible ajuste fiscal en caso de ganar Batlle, posibilidad que aún hoy no descartamos.

Al otro día el ministro de Economía, Luis Mosca, salió a cuestionar muy duramente nuestros números y dijo que el déficit rondaría los 500 millones. Se nos acusó de alarmistas y de crear el caos y poco menos que el país se hundía por nuestra transparencia a la hora de informar a la población.

Pero los hechos son más claros que las palabras y finalmente el año 1999 terminó con un déficit de entre 700 y 750 millones de dólares, tal como nosotros, con informaciones y análisis científico, habíamos estimado.

Pero lo importante es razonar juntos sobre este hecho.

¿A alguna persona se le puede ocurrir que la máxima autoridad de la Hacienda Pública no conocía las informaciones (que nosotros mismos conocíamos parcialmente)?

¿A alguien se le puede ocurrir que el ministro en noviembre manejara que el déficit no aumentaría mucho por encima del de agosto (que era cercano a los 500 millones) cuando la economía estaba en recesión?

Está claro que el ministro tenía que conocer en detalle el desvío del resultado de las cuentas públicas y tendría que coincidir con nosotros en que el déficit treparía cerca de los 700 millones.

Sin embargo, pesó su fidelidad partidaria, su apoyo incondicial a la coalición blanquicolorada en las elecciones de la segunda vuelta, su pertenencia partidaria y entonces ocultó información a la población y mintió cuando en noviembre tuvo que transmitir a la población el estado de las cuentas públicas.

Pesó más su condición de dirigente partidario que el cargo que ocupaba que era ser el responsable de la Hacienda Pública de todos los uruguayos y las uruguayas y a la que contribuimos con nuestro dinero todos y no sólo los del partido de gobierno.

Y cuando hace dos semanas, en un reportaje concedido al semanario Búsqueda, reconoce que el déficit será de más de 700 millones de dólares tal como en noviembre lo anunciamos nosotros, frente a la pregunta del periodista de por qué estas informaciones tan contradictorias, no responde a la pregunta, sino tan sólo explica las causas del déficit. Y plantea cosas tales como la caída de la recaudación por caída del producto, gastos por una vez como los electorales, etcétera, que ya debía saberlas en noviembre y por lo tanto podía preverlas en su momento como lo hicimos nosotros con mucho menor acceso a la información.

Por ello es que reclamamos desde este espacio un manejo diferente de la información pública para la sociedad. Un acceso ilimitado que permita a los ciudadanos y sus organizaciones conocer el manejo de la Hacienda Pública, de la evolución de las principales variables sociales y económicas y contribuya a profundizar la democracia en el manejo de la información pública.

Por ello lo del título: el manejo de la información por los dirigentes nacionales debe corresponderse con la ética de la transparencia; distorsionar la información reduce la credibilidad de los gobernantes y ello hace daño a la democracia. Por ello reclamamos a los poderes públicos, utilizando como excusa este desagradable episodio del déficit fiscal, un acceso pleno de las organizaciones de la sociedad a la información pública.

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